Es el estribillo de una canción que solía poner en el coche un compañero de facultad, por la mañana temprano, camino del comienzo de una nueva semana universitaria.
Y es que el lunes es un día con una pendiente pronunciada, sobre todo después de un divertido fin de semana.
El viernes salí de currar a las seis y media. Una de las jefas de grupo se había equivocado con los horarios (acojonante, teniendo en cuenta que es de las pocas responsabilidades con las que se encuentra cargada su débil espalda) y gracias a ello me quedé solo atendiendo el servicio de PYMES desde las cinco hasta las seis y media de la tarde. No me podía levantar ni para ir al baño!! Menos mal que Pilar, otra de mis jefas (con muy mala leche, pero muy buena gente en el fondo -yo sé que me quiere, lo sé-) decidió quedarse conmigo por si necesitaba algo (como, por ejemplo, un bate de beisbol para reventarle la cabeza a una gilipollas con ínfulas que me llamo para anular un pago en divisa, y con la que me faltó esto para pegarle un grito). Pero bueno, la cosa finalmente no fue tan terrible como pintaba.
A la salida, el subdirector (al que mantendré en el "economato", hay que mantener un poco de misterio alrededor de mi vida, que si no uno enseguida pierde la gracia; no hay nada peor que volverse evidente) , muy majo él, se ofreció a llevarme hasta Plaza de Castilla. ¡En qué hora le dije que sí!! Dios, qué miedo que pasé. La carretera de Colmenar nunca se había parecido tanto a lo que algún día será mi tumba. Y es que el menda es de esos que no puede hablar sin mirarte directamente a los ojos, lo cual se convierte en un pequeño problema cuando vas por la carretera en un coche deportivo a unos 140 por hora. Lo mejor de todo es que no acaba ahí la cosa. Llegamos a Plaza de Castilla, y me suelta que ha estado de vacaciones en Estambul y que ha conocido allí a una guía que está muy buena, y que si tal y que si cual. "¿Quieres verla?, porque la tengo en foto". No podía decir que no, me había llevado en coche y es mi jefe. En qué hora!! Va el tio y me saca tres albumes de fotos de debajo del asiento. ¿Hay algo más odioso que chuparse las fotos de las vacaciones de alguien, sobre todo cuando no tienes el más mínimo interés en la vida de esa persona? (de acuerdo, es mucho peor tragarse un video, pero lo de las fotos está en seria competencia en cuanto a niveles de aburrimiento). Bueno, pues yo me las tragué, una por una. Qué coñazo.
Una vez acabada la tortura, me marché al cine, a los Ideal, donde había quedado con Miguel y Fer para ver la última de Amenábar, que me encantó, por cierto. También se vino Peter, un amigo de la facultad de Miguel. Un esloveno maravilloso y absolutamente encantador que perfectamente podría protagonizar una de las escenas de lo más selecto de Bel Ami. Una auténtica tortura, por otro lado, porque el chavalito es hetero. Ay, no hay peor que la abstinencia mal llevada, de verdad.
Después del cine, nos fuimos a tomar algo, pero todos querían irse pronto a casa. Lo bueno es que previamente había quedado con mi querido Gonzalo, que nunca me falla en estas cosas (ni en muchas otras). Nos fuimos al Nike a pedirnos unos minis, toda una aventura donde se ponen a prueba tus nervios de acero. Yo, particularmente, casi le vuelo la cabeza a un mamarracho con gorro (de estos que podrían denominarse, como dice una amiga de Gonzalo, de los de "por moderno la cagó") cuando se me coló, después de que yo llevaba ya cerca de 15 minutos para pedir dos putos minis. Y qué decir de esa parsimonia, esa languidez casi británica, decadente, con la que la chiquita joven al otro lado de la barra sirve los minis. Coño, que parece más la ceremonia del té japonés que un puto mini de ron! Pero no perdamos los nervios. Pedimos los dichosos minis y nos fuimos fuera a charlar (¿la prohibición de no beber en la calle sigue vigente? porque si es así la calle del Nike el viernes por la noche era un delito flagrante en sí misma). Luego sigo que ahora tengo curro de narices...
Bueno, ya, menos mal (es que la gente se pone muy punka con las comisiones).
Estuvimos ahí un buen rato, disfrutando de nuestros licores y de una buena conversación (je), más que nada relatando nuestros respectivos veranos, porque apenas nos habíamos visto desde que volvimos.
Luego, nos encaminamos al 8 y medio, a ver qué se cocía por allí.
Y lo que se cocía era la gente, porque hacía un calor de cojones.
Nos lo pasamos bastante bien. Al día siguiente fue cuando me enteré de que Zapp y Unam también estaban por allí, pero no lo sabía, porque el mensaje que me envió Zapp lo vi al día siguiente, ya que estaba sin batería. Una pena, porque me apetecía conocerles, pero hablé con Zapp al día siguiente y ya quedamos en que el próximo finde lo mismo nos veíamos. Yo por la tarde, en el curro le había dicho que iría con camiseta rosa y que estaba rapado, por si coincidíamos en el mismo sitio saliendo, pero me dijo que en el 8 y medio había como quince tíos con camiseta rosa y rapados. También es mala suerte, leche, jeje.
Después, sobre las cinco o así nos piramos a Ohm (es que somos superVIP, y claro uno se debe a sus fans y no es plan de decepcionarles, que luego se pegan una llantina de narices sin motivo).
Yo estaba ya muerto, simplemente esperando a que fuese la hora en la que salen autobuses de Moncloa a ese maravilloso pueblo de las montañas donde habito.
Tuve un sueño feliz y sin complicaciones.
Al día siguiente, por la noche, teníamos una fiesta en La Latina, de la cual no sabíamos ni quién era el anfitrión ni nada de nada, pero allá que nos fuimos con muy buena disposición, que es lo importante en estos casos.
Quién me iba a mí a decir que en esa fiesta me iba a encontrar con Nacho, el protagonista de una historia bastante surrealista que me aconteció el jueves de Semana Santa. Fue en el Pink Flamingo, estando yo en un estado lamentable de la personalidad (qué raro) cuando se acercó a mi este chiquito muy majete a hablarme sobre porros y bisexualidad (qué morboso, verdad?). Bueno, yo le hice caso relativamente, pensando que lo único que quería era sacarme un peta, y al rato se marchó. Pero volvió, al cabo de unos minutos (pudieron ser horas la verdad) estaba de nuevo al ataque, y entonces uno, que no es de piedra, se montó la peli. "Este me está tirando la piedra", "esta noche hay tema" , y un largo etc... Así que en vista de que mis colegas se piraban a casa, decidí que me piraba con él y sus amigas. Nos fuimos a la sala El Sol. Yo veía que el menda ya pasaba un poco más. Me había estado soltando el rollo del bisexual, por aquí por allá, aha ,uhu y ahora que se veía conmigo detrás se acojonó un poco, porque me parece a mí que de bi tenía lo que yo de presentador del teletienda. No me eché para atrás, ni siquiera por esas, si había algún atisbo de esperanza para que yo tuviese una mañana de tórrido placer con el menda lerenda no la iba a dejar escapar. Fue entonces cuando le comenté, que fíjate, yo que vivo en la sierra, qué lata irme ahora a casa...y le dije que si le importaba que me quedase a dormir en su casa. Así, sin más, y me dijo que sí. Todo parecía ir culo en pompa a toda verga, cuando van las dos coleguis del chiquito y se nos apuntan al plan de ir a su casa!!! Pero bueno, un poco de urbanidad y saber estar, leche! Total, que allí que se nos vienen las chatis con un par y se ponen a beber vino en el salón. Yo estaba cansadísimo, y viendo que aquello no tenía fin le dije a Nacho que si le importaba que me acostase en su cama. ¿Alguien después de lo ocurrido no interpretaría aquello como una insinuación???? Por dios!, que le perseguí por medio Madrid! Bueno, la historia es que se quedó sopa en el salón con las colegas y yo durmiendo en su pedazo de cama (porque tenía un piso de la leche, todo hay que decirlo).
Al día siguiente, me levanta como a las diez, con un zumo de naranja recien exprimido en la mano (a mí se me cayó el cerebelo directamente al suelo con semejante detalle romántico) y mirándome con cara de "quién cojones es este pavo que está en mi cama?". Me dice que se tiene que pirar, porque ha quedado para ver una exposición, y que claro, no me puede dejar solo en su casa (una manera fina de venir a decir, "no te conozco de nada, y me puedes expoliar el piso"). Yo tenía su número de la noche anterior, y le mandé un par de mensajes ese fin de semana, con poca esperanza de que fuesen contestados (y no lo fueron). Hasta el domingo, cuando me manda él uno en el que en resumidas cuentas me pedía perdón si había sido un poco calientapollas. Pues nada, perdonado quedó. Hasta el otro día, el sábado, no había vuelto a verle ni a saber de él. Y fue él quien se acercó a saludarme sin más, muy majo él, diciéndome "yo a ti te conozco". Se me debió de quedar una cara de gilipollas. Madrid es muy pequeño, y los fantasmas de nuestras borracheras nos pueden dar alcance con mucha facilidad. No fue nada violento, la verdad, porque Nacho estuvo de lo más cordial. Yo no quise darle mucho la murga porque creo que ya tenía las cosas bastante claras respecto al tema de si él me había molado a mí o no. Le tocaba mover ficha si quería, y no quiso, con lo cual...pero estuvo gracioso.
La fiesta se acabó y nos fuimos al Berlin Cabaret, un sitio que no yo conocía y que sorprende por sus dimensiones y en el que ponen una música de
revival que siempre se agradece.
Fin de fiesta en la plaza de San Bernardo, donde engullimos (literal) unos bocadillos de lomo con tomate y queso en el bar Iberia (vivan los bares de pesetos!!!!).
El domingo nada de especial. El aburrimiento me llevó a pasar la tarde con una de mis futuras compañeras de piso, tomando un café y hojeando el catálogo de Ikea, para ver dónde nos vamos a comprar el menaje de nuestro nuevo piso, que el pobre está en pelotas.
Finalmente, noche de cine con la familia al completo viendo "El retorno del rey" (me quedo con Orlando moreno, sin duda).
Eso es todo, amigos.
PD: vaya turrón de jijona que os he soltado, mil perdones. :P