Tuesday, September 28, 2004

Un domingo en el campo

El domingo era el cumpleaños de mi padre.

Mis tios pensaron que sería una buena idea que nos fuésemos todos a celebrarlo juntos al chalet que tienen cerca de Aranjuez, a orillas del Tajo.

Antes de vivir en Majadahonda, nosotros teníamos otro al lado del suyo, y era allí donde pasábamos los tres meses del tórrido verano madrileño. Después, una vez que nos mudamos a Majadahonda, teniendo allí piscina y arbolitos, mis padres decidieron que no nos hacía ninguna falta y lo vendimos. Pasamos en aquel sitio gran parte de nuestra infancia y eso supone una enorme cantidad de recuerdos.

Llevaba cerca de siete u ocho años sin pasar por allí, y el regreso fue una sensación alucinante, una constante vuelta al pasado llena de sonidos e imágenes: el sonido del cerrojo de la puerta de la entrada, el campo de alfalfa donde volábamos la cometa, la piscina donde aprendimos a tirarnos de cabeza...fue como comerse un paquete entero de las magdalenas de Proust.

Mi hermano Mario hizo una fantástica fideuá para comer, tras lo que nos pegamos una siesta de tres horitas sin ningún tipo de pudor (habíamos salido el sábado hasta las tantas y mi padre nos levantó a las diez de la mañana).

Nos despertamos sobre las siete de la tarde, Daniel, Mario y yo. No había nadie en la casa, habían salido a dar un paseo. Decidimos que nosotros haríamos lo mismo, teníamos muchas ganas de volver a andar por los caminos de antaño. La meta eran "los chorros", que era como llamábamos a un pequeño salto de agua artificial del rio Tajo, donde de vez en cuando nos llevaban mis padres cuando nos aburriamos de las quietas aguas de la piscina. Las casas de nuestros antiguos vecinos seguían donde siempre, unas con nuevos dueños, otras abandonadas y con el jardín lleno de matojos y malas hierbas, las de más allá cerradas desde finales de agosto, y algunas con un par de desconocidos tomando un refresco en la terraza. Paseando, llegamos junto a una vieja higuera a un lado del camino. Todos llevábamos muchos años deseando volver a encontrarnos con ella. De pequeños, yo, como hermano mayor que era, inventé un juego a través del cual torturar a mis pobres hermanos, y éste consistía básicamente en la existencia de un ser superior omnipotente denominado "Maldad", cuya única misión en la vida era destruirles, desmembrarles de la manera más dolorosa y cruenta del mundo...matarles, vamos. Ese ente superior tomaba la "forma" de sombra que se desplazaba por los caminos donde jugábamos. Una sombra que avanzaba hacia nosotros y tapaba la luz del sol, y que no era otra cosa que una nube de verano despistada. Yo les decía que la sombra no les podía tocar y ellos echaban a correr como locos, hasta que les alcanzaba y se tiraban al suelo, simulando una muerte lenta y agónica. Luego, les imponía castigos inverosímiles que debían cumplir para que Ella, "Maldad", les perdonase la vida que había contaminado al tocarles. Yo me lo pasaba como un enano, y ellos sufrían lo indecible (era malísimo, una vez les llegué a hacer beber agua del mar a tragos), pero ahora lo recuerdan con una sonrisa. Una de tantas pruebas era la de la famosa higuera. Está a un lado de un estrecho camino de arena, y yo les decía que para cruzar por allí sin que "Maldad" les castigase lo que tenían que hacer era coger una piedra y atinar con ella en el tronco de la vieja higuera. El domingo, cumplimos una vez más con aquella tradición infantil, y al pasar a su lado, lanzamos de nuevo nuestras piedras. Fue bonito.

Llegamos hasta el rio, y todo estaba cambiado. La vegetación se había comido por completo el salto de agua, del que sólo se oía un ligero rumor al otro lado del follage. Estaba anocheciendo y nos dimos prisa en volver, un poco decepcionados, pero bromeando.

Por la noche, para terminar de celebrar un día de auténtico "revival": barbacoa. Nos pusimos las botas.

Tras un viernes y un sábado lleno de emociones fuertes, me vino bien un domingo sosegado en el campo, aunque me dejo un regusto amargo en la boca, quizá el de la nostalgia. No quiero caer en el tópico de decir que todo tiempo pasado fue mejor, porque debo reconocer que no desearía volver a ser un niño de 12 años (creo que he ganado en muchos aspectos), pero es verdad que hay días en los desearías que todo fuese menos complicado.

Hay días en los que desearías volver a ser un niño tirando piedras a una higuera.

Sunday, September 26, 2004

Vienen curvas.

Otro fin de semana en el contador.

Perdí los papeles el viernes por la noche. Demasiadas cosas en la cabeza, supongo, y una frase poco afortunada. Suficiente para estallar por sms.

Lo de irnos al piso de Embajadores se ha torcido. Nos piden un aval bancario que no estamos dispuestos a aceptar. No tiene sentido que queramos independizarnos de nuestros padres, y que para eso dependamos precisamente de su dinero (un dinero que además se queda inmovilizado en el banco). Así que por el momento el plan queda aplazado. Una pena, porque el piso es fantástico y está en una zona cojonuda en cuanto a transporte y situación.

El sábado, gracias Gon y a Sol conseguí relajarme un poco y olvidar la movida de la noche anterior. Lo pasamos genial con un amigo de Sol, Carlos, que era muy gracioso. Acabamos en el Escape, en la plaza, bailando un poco de pachanga. Sol sufría alucinaciones y decía que no paraban de meterle mano en el culo (si yo fuese lesbiana lo haría, jeje, que la niña está de muy buen ver).

El domingo era el cumple de mi padre.
Todos, mis hermanos y yo, volvimos a los parajes de nuestra infancia.

Tuesday, September 21, 2004

Libros, disco, fiesta y un atasco

Es la enumeración en la que podrían resumirse mis cuatro últimos días.

El jueves estuve con Isa en las fiestas de Majadahonda. Apenas estuvimos un par de horas, al día siguiente había que trabajar y por una vez decidimos ser responsables (debió de ser algo que tomamos en la cena, no sé). Dos horas, que fueron el tiempo estricto y necesario para decidir que puedo gritar sin temor a equivocarme: ¡¡qué buenos están los heteros!!
Los criterios de Isa y Gon, tras meses de profunda introspección en ese pequeño músculo rojo de mi propiedad (corazón, creo que se llama; es que no le doy mucho uso), coinciden: definitivamente, tengo alma de puta. Lo dicen porque creen que me gustan todos, y para ello se basan en mis constantes comentarios sobre lo bueno que está este o aquel. No entienden que eso no tiene nada que ver, pero bueno. Gon me decía que no era sólo eso, sino que le sorprendía la capacidad que tengo para que me gusten un montón de tios durante largos períodos de tiempo. Y es que uno es la mar de persistente en sus "sentimientos".

El viernes fui a la presentación del libro de Dario en el COGAM. Se encuentra dentro de una nueva colección que va a sacar esta asociación, destinada a adolescentes con dudas y sin apoyo, para que puedan encontrar una guía que ilumine su camino. El lenguaje es sencillo y el tratamiento del tema directo y claro, sin ampulosidades. Los títulos van al grano: "¿Seré gay?", "¿Seré lesbiana?", "Cómo sobrevivir en el ambiente"...y el de Dario, que se titula "¿Seré bisexual?". Él ya me comentó hace tiempo que se embarcaba en este proyecto, y que el tema lo había elegido por la "discriminación" que este "grupo sexual" sufría por parte del resto de orientaciones sexuales, y entre ellas, otra tradicionalmente marginal como los gays. Esto es obviamente una generalización , y no me refiero a un trato marginal del tipo "te tiro piedras hasta lapidarte porque te gusta la carne y el pescado", no, pero si debemos reconocer que hay enormes reticencias por una gran parte del mundo rosa y hetero hacia estas personas, que, rebeldes ellos, no se clasifican de manera rotunda y definitiva dentro de un gusto cerrado (craso error en este mundo etiquetado, lleno de códigos de barras). Si eres bisexual, para mucho heteros eres un bicho raro, y para otros tantos gays (aunque sin llegar a las manos) una especie de "traidor a la causa". Pongámonos en el caso de un colega de nuestro grupo, gay de siempre, que, de la noche a la mañana, empieza a salir con una chica, y no sólo se la tira, sino que afirma que está enamorado de ella!! Bueno, bueno, muchos pondrían el grito en el cielo, se rasgarían la vestidura y llamarían a la policía del sexo para que lo detuvieran. Evidente es que no todos nos lo tomaríamos así, pero sabemos de muchos otros que sí (sin hablar de los excépticos, que son legión).

Yo soy de la opinión de que la bisexualidad existe, pero dándose siempre una inclinación marcada por una de las dos tendencias, que siempre se puede balancear dependiendo de la persona que el bisexual se encuentre delante y del sexo de ésta.

Ahí queda la polémica.

Tras la presentación del libro, botellón!!! oe oe oe (que ya está bien de culturizarse tanto, leñe). Fue con Gon y con Juanjo en Vázquez de Mella. Nos reimos un huevo, como siempre, y esta vez más si cabe, porque Juanjo estaba atacado con sus exámenes y no paraba de rajar. Me agarré una toña de las que hacen época (antes lo de no cenar no me afectaba en nada, pero como dice Font Vella, los años pesan un cojón). En ese estado lamentable, nos dirijimos OTRA VEZ al Ohm. No puedo con ese sitio, lo digo en serio, y es una pena, porque me dejan entrar gratis (nunca es mal momento para presumir de lo VIP que es uno), pero es que no puedorrrrrrrr...Me aburro como una mona ahí dentro, y ya el desagrado se ha debido de convertir en alergia, porque el sábado fue entrar y se me puso un dolor de cabeza de tres pares de cojones. Tuve que huir en taxi (18 euritos del bellón que me salió la broma) en dirección a las montañas. Sólo siento el haberles cortado el rollo a Gon y a Juanjo, porque reconozco que cuando me meto en ese sitio me vuelvo un auténtico coñazo protestón, pero Gon me dijo que se lo pasaron bien.

Tuve dulces sueños.

Sábado por la mañana. No me levanté demasiado tarde, porque para mí, acostarme a las 4 es ser un buen niño (este comentario ha quedado de "uh, uh, qué rebelde y qué chungo que soy, baby"). La casa estaba llena de efebos de 18 años, amigos de mis hermanos de la playa. Ains, qué mal que estoy. Todos morenitos y guapísimos. Una pena.
Por la noche, Gon se vino a las fiestas, y lo pasamos de lo lindo con Isa, cociéndonos como piojos con Teresa y CIA. Nos reimos un montón (a lo que ayudaron enormemente los "cigarrillos de la risa" que llevaba el Gon) y sólo nos faltó comer los churros para finalizar una perfecta jornada de fiestas populares. Isa y Gon decían que era una puta y yo les ponía cara de pena, y les decía que eso no era verdad, que uno tiene sus sentimientos, y que me puede poner un bakala y no ser de hielo, coñe!!!

El domingo se dejó deslizar sin pretensiones. Gon y yo tirados en mi cuarto, fumando y comentando la jornada. Si alguien nos hubiese observado a través de un microscopio puede que nos hubiese calificado como dos "amebas corrientis".

Lunes. El dueño del piso queda con nosotros para que yo por fin pueda verlo y comentar las condiciones del contrato, dado que hay un par de ellas que nos parecen un tanto abusivas. Resultado: nos chupamos un atasco de ida en la M-30 (hora y media), llegamos, el casero nos llama y nos dice que "uf, qué lata, que no puedo", tomamos coca-cola, nos vamos, y atasco de vuelta en la M-30 (dos horas!!!). Vamos, que casi me da un jare y encima no hemos aclarado nada con el de la casa. Cojonudo.

A bientôt!

PD: tengo que mencionar a mi querida compañera de curro, que el otro día me lloró porque no salía en ninguna de mis historietas. Se llama PAULA.
Es más maja que las pesetas y ya tendré oportunidad de hablar de ella porque el finde que viene salimos seguro, jejejejej.

Thursday, September 16, 2004

Aquellos maravillosos años

Llegan las fiestas de Majadahonda, y con ellas la nostalgia.

Nostalgia de aquellos años de instituto, cuando eran sin duda el evento más emocionante del año, los días en que más tarde podíamos llegar a casa y cuando nos agarrábamos las borracheras más grandes. Días en los que te encontrabas a gente que ya casi habías olvidado, o que, como mínimo, habías desterrado hacía tiempo del listín de teléfonos -aún no había móviles y las agendas eran de papel-, con la que mantenías conversaciones intrascendentes sobre los exámenes y prometías quedar sin falta para tomar un café (ese famoso café que algún día nos tomaremos con todas esas personas que despreciamos en el infierno, en pago por nuestras mentiras). Noches llenas de risas y alcohol en los descampados de las afueras del pueblo, reunidos en grandes circulos en torno a los minis y los cartones de vino, como gitanos y brujas celebrando un akelarre de otoño.

Una vez al año, durante una semana, volvemos a aquellos días. Hoy es la primera noche que me pasaré por allí. Cada año es diferente, porque cada año son 365 días más en el contador, pero siempre ha sido divertido.

Ya os contaré.

Monday, September 13, 2004

El piso de arriba del LP

El sábado quedé con unos amigos.
G. , M., P. y R. (por una vez los mantendré en el economato).
A R. hacía mucho que no le veía. Desde principios de julio.
Le conocí hace ya casi un año (o más, no sé) en el cumpleaños de un colega mejicano. Desde el primer momento me llamó la atención su aspecto de grungillo estudiado y sus silencios de tímido profesional. Y su gorro, su gorro de lana azul marino fue definitivo.
Aquella noche me costó bastante aproximarme a él, pero finalmente lo conseguí, y dentro de mi posiblemente interesada percepción, entendí que había buen rollo. Fuimos al LP, en Vázquez de Mella, porque nuestros amigos nos habían metido en un primer momento en lo que hasta aquella noche había sido la sala Arena, en Princesa. Ese misma noche era la inauguración de un nuevo sitio, que pretendía ser fashion y ultramoderno, con mariquitas y todo, pero había algo con lo que no habían contado: los bakalas de Arena no habían sido informados. El pupurri que se montó allí dentro era como para mear y no echar ni gota. Teníais que ver la cara que ponían aquellos cafres cuando un par de tios se saludaba con un beso. Y luego la música, qué música. Este último aspecto no mejoró demasiado en el LP, evidentemente, pero al menos evitamos sufrir una agresión masiva de musculosos con pelo "cenicero".
Una vez allí seguimos hablando, y en un momento dado (estábamos en la planta de abajo) yo sugerí subir arriba un rato, para cambiar de aires. Nos apetecía cambiar de aires y música, y bailar un rato en la tarima esa (imaginad el grado de borrachera a esas alturas). El caso es que por algún motivo que no recuerdo nunca llegamos a subir.
Sobre las seis de la mañana salimos de allí. Él vive en Segovia, y tenía que coger el autobús en Príncipe Pio. Yo me ofrecí a acompañarle.
Cuando nos despedíamos le pedí el número de móvil y a los tres o cuatro días (todo un record teniendo en cuenta mi historial de impaciencias) le mandé el siguiente mensaje: "no me preguntes por qué, pero me apetecía mandarte un mensaje..." y algo más que no recuerdo (oigo las risas por anticipado, y no quiero cachondeos, que soy un cursi es algo que sé desde hace mucho tiempo). Me contestó diciendo que no tenía por qué ponerle excusas para escribirle y no sé qué más.
Luego vinieron un par de intentonas de volver a quedar, pero fueron infructuosas, por culpa de uno o de otro. En una de esas ocasiones, en un mensaje, él me dijo algo así como que nos quedaba pendiente un baile en la tarima del LP.
Y de repente, un día, me llamó, y me dijo que quería quedar conmigo, que no tenía planes y le apetecía salir por Madrid. Yo estaba encantado.
Dio la casualidad de ese mismo día querían quedar conmigo otro par de amigos: M e I. Yo había estado completamente colado por I (y aún quedan ligeros estertores asmáticos de aquello). La química surgió entre I y R, sin remedio, sin que nada pudiese evitarlo. Fue, además, crueles ironías, en el piso de abajo del LP.
Está claro que el mío era el piso de arriba, pero nunca conseguí llevarle allí.
Volviendo al comienzo del post, el sábado volví a verle. Sigue siendo encantador y perturbadoramente tímido.
En un momento de la noche, después de muchas risas y unos cuantos bares, acabamos en el Felicia, cerca de Malasaña. Allí, yo me senté con P y R con G (lo siento, debeis de tener un cacao de la ostia). P estaba muy gracioso, y no presté mucha atención a lo que R le contaba a G, pero por un instante capté la palabra "Kike".
Al día siguiente, por supuesto, me faltó tiempo para coger el teléfono y preguntarle a mi querido G qué coño le estaba diciendo de mí R, a lo que G me contestó que prefería quedar conmigo en Majadahonda y contarme en persona.
Raudo y veloz se vino a la sierra y nos fuimos a tomar un café.
Me contó que R le había dicho que el día que se enrolló con I (ese día en el LP), éste le había dicho que a mí él me gustaba. A R le sorprendió muchísimo (cosa que no entiendo, después de mi mensaje). El tiempo pasó entre nosotros, durante seis meses, mientras él salía con I. Por unas cosas o por otras, R terminó diciéndole a G, que claro, ahora, después de tanto tiempo ya no creía que fuese posible que pasase algo, que la cosa se había complicado de alguna manera imperceptible. Venía a querer decir que ahora eramos demasiado amigos (?) como para poder generar una situación de flirteo. G le daba la razón y me decía ayer por la tarde que había perdido mi ocasión, que tenía que haberme lanzado de cabeza la primera noche, sin dar pie a que se perdiese el misterio. Yo no estaba de acuerdo, le decía que lo mismo me podía pasar a mí, y qu e no era así, a lo que me contestó llamándome "obseso" (hay que ver, cría cuervos...).
Total, "tuviste una oportunidad, aha, y la dejaste escapar..."
Nunca subimos a la segunda planta del LP.
Pero siempre nos quedará el Gris.

Friday, September 10, 2004

Coincidencias

Ayer fue jueves, ese día de la semana en el que desde hace ya unos cuantos meses se ha acomodado en mi rutina una costumbre muy sana: quedar con mi amiga Isa.
La excusa esta vez (aunque tampoco la necesitamos) era que Paola había vuelto de Berlín para pasar unos días, así que quedamos en La Latina.
Cometimos el tremendo error de no aparcar en Moncloa (donde siempre hay sitio) y armados con una fe digna del mismísimo Mahoma nos dirijimos directamente a La Latina.
Aparcar en La Latina. Homero estuvo años sopesando si incluir esta hazaña en su Iliada, pero al final decidió que no por aquello de la incoherencia histórica (un opel por las playas de Troya como que no). Tras cerca de veinte minutos dando vueltas nos encontramos con un par de alemanes que sacaban el coche.
Empezó la fiesta.
Nos fuimos en primer lugar a El Tomás, donde comenzamos con las cañitas, mientras esperábamos a la impresentable de Paola que, para variar, llegaba tarde.
Cañita por aquí, cañita por allá.
Paola llegó como a los cinco minutos, arrollando todo lo que encontró a su paso con su verborrea, su sonrisa y su melena de rizos morena. Un pequeño ciclón de ojos brillantes.
Siempre tiene cosas que contar, millones de anécdotas que en boca de otra persona se convertirían en orfidal en vena, pero que con su gracia natural son fuente constante de diversión.
Según su visión de la vida todos los tios que conoce están colados por ella. Tiene una autoestima a prueba de bombas y un concepto de sí misma que no se conocía desde los tiempos del Duce.
Pero ha caído. Es otra pobre víctima de esa enfermedad eterna, ese mal que recorre los siglos sin vacuna...
El amor.
Paola está enamorada. Ahora ya es definitivo, es el fin del mundo, una señal clarísima del advenimiento del apocalípsis.
Y está mal, porque dice que para una vez que se enamora de alguien, ese alguien (oh, casualidad) parece que pasa de ella. Qué difícil es este sentimiento donde tan necesaria es la coincidencia. Deben coincidir dos anhelos en un instante. Una pretensión terrible tratándose del amor, algo tan cambiante como la nubosidad de verano.
Nos pasamos la vida esperando una coincidencia.
Salimos por las noches buscando una casualidad.
Que dé la casualidad de que encontremos una coincidencia.
Todo esto es tan complicado...


Tuesday, September 07, 2004

Cowboy de medianoche

Acabo de enterarme de esto:
"Heath Ledger and Jake Gyllenhaal are in final negotiations to star as a pair of gay cowboys in Brokebrack Mountain, the next film from Crouching Tiger director Ang Lee. The picture is to shoot in the spring in locations around Wyoming."
No es una maravilla? Yo particularmente estoy encantado, no sólo por el hecho de que dirigiéndola Ang Lee puede convertirse en una peli de auténtico culto, sino porque, qué me decís del morbo que puede generar encontrarse en la pantalla a dos pedazo de tíos como Gyllenhaal y Ledger enrollándose vestidos de vaqueros!!!!!! Diosma!!!!!
Deseandito estoy que la estrenen.
Parte meteorológico del martes tarde: clientes tranquilos, marejada ligera.

Un martes cualquiera

Aqui estoy de nuevo, con el pinganillo en la oreja.
Las semanas pasan sin que apenas me dé cuenta.
Por las mañanas voy a trabajar, pasa la mañana, como en la cafetería del banco, vuelvo al curro, y a las seis y media me voy, de vuelta a casa.
Pasa el lunes, el martes, el miércoles...y no pasa nada.
Quiero algo que me sacuda, que me haga descarrilar. Quizá el hecho de que el día uno me marche de casa consiga poner un poco de emoción en mi vida. Yo sin duda lo vivo como todo un acontecimiento en mi rutina, llena de comodidades hasta el día de hoy. Tengo bastantes ilusiones puestas en el proyecto, y espero que no me decepcione. Lo que no sé es si mis compañeras lo viven con la misma emoción. Lo digo más que nada porque el otro día, hablando con una de ellas, comentando lo que podíamos comprar para el salón, me dijo algo así como que tampoco íbamos a gastarnos mucho en arreglar la casa porque al fin y al cabo era una casa de alquiler de la que algún día nos íbamos a marchar. No me gustó demasiado el hecho de que ya antes de irnos a vivir allí considerase nuestro cubil de Embajadores como un "lugar de paso". Me parece un poco triste, la verdad.
Bueno, no adelantaré acontecimientos, y lucharé, por mucho que digan ellas, por convertir nuestro piso en un lugar al que apetezca volver después de un día más de la semana, después de un martes cualquiera.

Monday, September 06, 2004

"I don´t like mondays..."

Es el estribillo de una canción que solía poner en el coche un compañero de facultad, por la mañana temprano, camino del comienzo de una nueva semana universitaria.
Y es que el lunes es un día con una pendiente pronunciada, sobre todo después de un divertido fin de semana.
El viernes salí de currar a las seis y media. Una de las jefas de grupo se había equivocado con los horarios (acojonante, teniendo en cuenta que es de las pocas responsabilidades con las que se encuentra cargada su débil espalda) y gracias a ello me quedé solo atendiendo el servicio de PYMES desde las cinco hasta las seis y media de la tarde. No me podía levantar ni para ir al baño!! Menos mal que Pilar, otra de mis jefas (con muy mala leche, pero muy buena gente en el fondo -yo sé que me quiere, lo sé-) decidió quedarse conmigo por si necesitaba algo (como, por ejemplo, un bate de beisbol para reventarle la cabeza a una gilipollas con ínfulas que me llamo para anular un pago en divisa, y con la que me faltó esto para pegarle un grito). Pero bueno, la cosa finalmente no fue tan terrible como pintaba.
A la salida, el subdirector (al que mantendré en el "economato", hay que mantener un poco de misterio alrededor de mi vida, que si no uno enseguida pierde la gracia; no hay nada peor que volverse evidente) , muy majo él, se ofreció a llevarme hasta Plaza de Castilla. ¡En qué hora le dije que sí!! Dios, qué miedo que pasé. La carretera de Colmenar nunca se había parecido tanto a lo que algún día será mi tumba. Y es que el menda es de esos que no puede hablar sin mirarte directamente a los ojos, lo cual se convierte en un pequeño problema cuando vas por la carretera en un coche deportivo a unos 140 por hora. Lo mejor de todo es que no acaba ahí la cosa. Llegamos a Plaza de Castilla, y me suelta que ha estado de vacaciones en Estambul y que ha conocido allí a una guía que está muy buena, y que si tal y que si cual. "¿Quieres verla?, porque la tengo en foto". No podía decir que no, me había llevado en coche y es mi jefe. En qué hora!! Va el tio y me saca tres albumes de fotos de debajo del asiento. ¿Hay algo más odioso que chuparse las fotos de las vacaciones de alguien, sobre todo cuando no tienes el más mínimo interés en la vida de esa persona? (de acuerdo, es mucho peor tragarse un video, pero lo de las fotos está en seria competencia en cuanto a niveles de aburrimiento). Bueno, pues yo me las tragué, una por una. Qué coñazo.
Una vez acabada la tortura, me marché al cine, a los Ideal, donde había quedado con Miguel y Fer para ver la última de Amenábar, que me encantó, por cierto. También se vino Peter, un amigo de la facultad de Miguel. Un esloveno maravilloso y absolutamente encantador que perfectamente podría protagonizar una de las escenas de lo más selecto de Bel Ami. Una auténtica tortura, por otro lado, porque el chavalito es hetero. Ay, no hay peor que la abstinencia mal llevada, de verdad.
Después del cine, nos fuimos a tomar algo, pero todos querían irse pronto a casa. Lo bueno es que previamente había quedado con mi querido Gonzalo, que nunca me falla en estas cosas (ni en muchas otras). Nos fuimos al Nike a pedirnos unos minis, toda una aventura donde se ponen a prueba tus nervios de acero. Yo, particularmente, casi le vuelo la cabeza a un mamarracho con gorro (de estos que podrían denominarse, como dice una amiga de Gonzalo, de los de "por moderno la cagó") cuando se me coló, después de que yo llevaba ya cerca de 15 minutos para pedir dos putos minis. Y qué decir de esa parsimonia, esa languidez casi británica, decadente, con la que la chiquita joven al otro lado de la barra sirve los minis. Coño, que parece más la ceremonia del té japonés que un puto mini de ron! Pero no perdamos los nervios. Pedimos los dichosos minis y nos fuimos fuera a charlar (¿la prohibición de no beber en la calle sigue vigente? porque si es así la calle del Nike el viernes por la noche era un delito flagrante en sí misma). Luego sigo que ahora tengo curro de narices...
Bueno, ya, menos mal (es que la gente se pone muy punka con las comisiones).
Estuvimos ahí un buen rato, disfrutando de nuestros licores y de una buena conversación (je), más que nada relatando nuestros respectivos veranos, porque apenas nos habíamos visto desde que volvimos.
Luego, nos encaminamos al 8 y medio, a ver qué se cocía por allí.
Y lo que se cocía era la gente, porque hacía un calor de cojones.
Nos lo pasamos bastante bien. Al día siguiente fue cuando me enteré de que Zapp y Unam también estaban por allí, pero no lo sabía, porque el mensaje que me envió Zapp lo vi al día siguiente, ya que estaba sin batería. Una pena, porque me apetecía conocerles, pero hablé con Zapp al día siguiente y ya quedamos en que el próximo finde lo mismo nos veíamos. Yo por la tarde, en el curro le había dicho que iría con camiseta rosa y que estaba rapado, por si coincidíamos en el mismo sitio saliendo, pero me dijo que en el 8 y medio había como quince tíos con camiseta rosa y rapados. También es mala suerte, leche, jeje.
Después, sobre las cinco o así nos piramos a Ohm (es que somos superVIP, y claro uno se debe a sus fans y no es plan de decepcionarles, que luego se pegan una llantina de narices sin motivo).
Yo estaba ya muerto, simplemente esperando a que fuese la hora en la que salen autobuses de Moncloa a ese maravilloso pueblo de las montañas donde habito.
Tuve un sueño feliz y sin complicaciones.

Al día siguiente, por la noche, teníamos una fiesta en La Latina, de la cual no sabíamos ni quién era el anfitrión ni nada de nada, pero allá que nos fuimos con muy buena disposición, que es lo importante en estos casos.
Quién me iba a mí a decir que en esa fiesta me iba a encontrar con Nacho, el protagonista de una historia bastante surrealista que me aconteció el jueves de Semana Santa. Fue en el Pink Flamingo, estando yo en un estado lamentable de la personalidad (qué raro) cuando se acercó a mi este chiquito muy majete a hablarme sobre porros y bisexualidad (qué morboso, verdad?). Bueno, yo le hice caso relativamente, pensando que lo único que quería era sacarme un peta, y al rato se marchó. Pero volvió, al cabo de unos minutos (pudieron ser horas la verdad) estaba de nuevo al ataque, y entonces uno, que no es de piedra, se montó la peli. "Este me está tirando la piedra", "esta noche hay tema" , y un largo etc... Así que en vista de que mis colegas se piraban a casa, decidí que me piraba con él y sus amigas. Nos fuimos a la sala El Sol. Yo veía que el menda ya pasaba un poco más. Me había estado soltando el rollo del bisexual, por aquí por allá, aha ,uhu y ahora que se veía conmigo detrás se acojonó un poco, porque me parece a mí que de bi tenía lo que yo de presentador del teletienda. No me eché para atrás, ni siquiera por esas, si había algún atisbo de esperanza para que yo tuviese una mañana de tórrido placer con el menda lerenda no la iba a dejar escapar. Fue entonces cuando le comenté, que fíjate, yo que vivo en la sierra, qué lata irme ahora a casa...y le dije que si le importaba que me quedase a dormir en su casa. Así, sin más, y me dijo que sí. Todo parecía ir culo en pompa a toda verga, cuando van las dos coleguis del chiquito y se nos apuntan al plan de ir a su casa!!! Pero bueno, un poco de urbanidad y saber estar, leche! Total, que allí que se nos vienen las chatis con un par y se ponen a beber vino en el salón. Yo estaba cansadísimo, y viendo que aquello no tenía fin le dije a Nacho que si le importaba que me acostase en su cama. ¿Alguien después de lo ocurrido no interpretaría aquello como una insinuación???? Por dios!, que le perseguí por medio Madrid! Bueno, la historia es que se quedó sopa en el salón con las colegas y yo durmiendo en su pedazo de cama (porque tenía un piso de la leche, todo hay que decirlo).
Al día siguiente, me levanta como a las diez, con un zumo de naranja recien exprimido en la mano (a mí se me cayó el cerebelo directamente al suelo con semejante detalle romántico) y mirándome con cara de "quién cojones es este pavo que está en mi cama?". Me dice que se tiene que pirar, porque ha quedado para ver una exposición, y que claro, no me puede dejar solo en su casa (una manera fina de venir a decir, "no te conozco de nada, y me puedes expoliar el piso"). Yo tenía su número de la noche anterior, y le mandé un par de mensajes ese fin de semana, con poca esperanza de que fuesen contestados (y no lo fueron). Hasta el domingo, cuando me manda él uno en el que en resumidas cuentas me pedía perdón si había sido un poco calientapollas. Pues nada, perdonado quedó. Hasta el otro día, el sábado, no había vuelto a verle ni a saber de él. Y fue él quien se acercó a saludarme sin más, muy majo él, diciéndome "yo a ti te conozco". Se me debió de quedar una cara de gilipollas. Madrid es muy pequeño, y los fantasmas de nuestras borracheras nos pueden dar alcance con mucha facilidad. No fue nada violento, la verdad, porque Nacho estuvo de lo más cordial. Yo no quise darle mucho la murga porque creo que ya tenía las cosas bastante claras respecto al tema de si él me había molado a mí o no. Le tocaba mover ficha si quería, y no quiso, con lo cual...pero estuvo gracioso.
La fiesta se acabó y nos fuimos al Berlin Cabaret, un sitio que no yo conocía y que sorprende por sus dimensiones y en el que ponen una música de revival que siempre se agradece.
Fin de fiesta en la plaza de San Bernardo, donde engullimos (literal) unos bocadillos de lomo con tomate y queso en el bar Iberia (vivan los bares de pesetos!!!!).
El domingo nada de especial. El aburrimiento me llevó a pasar la tarde con una de mis futuras compañeras de piso, tomando un café y hojeando el catálogo de Ikea, para ver dónde nos vamos a comprar el menaje de nuestro nuevo piso, que el pobre está en pelotas.
Finalmente, noche de cine con la familia al completo viendo "El retorno del rey" (me quedo con Orlando moreno, sin duda).
Eso es todo, amigos.
PD: vaya turrón de jijona que os he soltado, mil perdones. :P


Wednesday, September 01, 2004

El anden número 13

Es al que llega el tren-hotel procedente de Lisboa todas las mañanas sin falta, en la estación de Chamartín.
Una tortura a la que me tengo que enfrentar durante unos segundos todos los días, a las 8:30 de la mañana.
No puedo evitar pensar en cogerlo una vez más y...volver.
Pero cada vez me dejo un pedazo más grande allí.
Hay un rubio en Lisboa que tiene todo un coleccionable de trozos míos.
"Pedro Lisboa", así figura en mi móvil.
Suele ser en torno a las cinco o seis de la mañana cuando acudo a su número.
Suelo estar borracho.
Movistar debería velar por la salud mental de sus clientes, y establecer un toque de queda para el envío de mensajes.
Siempre digo que no voy a volver, siempre.
Y siempre vuelvo.
Pero es que me puede el sentimiento de felicidad que siento cuando le veo en la estación, esperándome, con su sonrisa, y sus ganas de verme.
Días después, estamos en al estación de nuevo, pero esta vez me dice adios, coge un pico de la camiseta y hace como que se enjuaga las lágrimas, poniendo cara triste.
Siempre se queda hasta que el tren arranca, al otro lado de la ventanilla. Dice que a él le encanta.
A mí me mata.
Y así, todas las mañanas, en Chamartín, oigo como la muerte me llama desde el andén número trece.
Ella sabe que voy a volver

Independence day

Bueno, ya me he comprometido, el día 1 o 2 de Octubre por fin me piro definitivamente del hogar paterno.
Me voy con dos amigas a un piso de Embajadores, de tres habitaciones y con todo "para entrar a vivir", como dicen en las inmobiliarias. No sé qué tal será la experiencia, pero es un paso que hay que dar más tarde o más temprano, y si tengo que cenar arroz todas las noches para conseguirlo, que así sea.
Tengo unas ganas tremendas, y creo que no me arrepentiré.
Ayer lo conté en una cena con mis padres, y joder, les faltó dar una fiesta! Y mis hermanos, los tíos peleándose por ver quién se quedaba con mi cuarto (que hay que reconocer que bien merece una buena trifulca). Se ve que me quieren, que no?
A la que temo es a mi madre, porque desde que da ese curso de manualidades en Las Matas está como loca por crear figuritas de dudosa calidad artística que rápidamente endosa a pequeños incautos, entre los cuales se encuentra mi pobre prima. Y claro, en cuanto se enteró de que había una casa entera por decorar (porque el piso no está amueblado, lo cual, por un lado es una putada, pero por otro mucho mejor, porque luego llegas a uno de esos pisos con los muebles de la abuela y tienes que convivir con ese montón de recuerdos que no son tuyos y que huelen a naftalina)...pues se puso como loca. Tengo que poner las cosas claras ya, que si no se me desmanda.