El viernes quedé con Gonzalo y con Juanjo para hacer botellón en la plaza del Rey.
Como siempre, lo pasamos genial, porque son un par de cachondos. Juanjo estaba como loco con su nuevo móvil, con el cual decía sentirse totalmente identificado. Yo alucinaba -¿cómo puedes identificarte con un móvil de plástico?-, pero él me explicó que en su familia era muy común y tremendamente importante el sentirse identificado con todo a la hora de relacionarse normalmente con ello. Por ejemplo, su hermana no se siente nada identificada con su nuevo coche, y eso le está trayendo tremendos quebraderos de cabeza -ataques de ira repentinos en mitad de la carretera, etc...-. Están como una cabra en casa de Juanjo; ahora su padre ha descubierto el correo electrónico y está como loco, no le deja el pobre ni quince minutos solo sin que aparezca por detrás -como el malo de terminator- por sorpresa y le pida que abra el correo para ver si tiene un mensaje, y eso que le ha dado su dirección a una sola persona!!! Jaja, son la monda.
Decidimos ir al Moon -lo sé, lo sé, no quieros post recriminatorios sobre nuestro mal gusto, advierto; hay obviedades que no precisan comentario-. Llevábamos tiempo con la coña de que una noche teníamos que ligarnos a un bakala de los chungos, en plan reto de amigos del campamento -patético-. Total, que allí que nos fuimos no sin antes barajar otras tantas posibilidades que poco a poco fueron descartadas -el Moon era un duro rival-. Nos plantamos en la puerta de ese antro de perversión en cuestión de minutos, no pagamos por entrar -otro de los motivos que nos condujo allí-, y entramos. Estaba completamente desierto! Había un par de seres de lo más chungo en la barra del fondo y poco más. Una lástima. Decidimos que para estar ahí como tontos comiendo barra, pues nos sentábamos mejor en los asientos de la entrada, donde nos doblamos un par de porretes y despegamos rumbo al colorido mundo de fufi. Yo estaba ya que daba vuelitos rasantes, con la mirada perdida y la sonrisa de tonto grabada con cincel. Era evidente que nuestros planes de hacernos un bakala tendrían que quedar pospuestos hasta nueva fecha -lo máximo que podíamos habernos hecho en ese estado era un muñeco hinchable-, lo cual no es ninguna desgracia teniendo en cuenta los níveles de sex-appeal de la clientela del antro en cuestión -vamos, que el único que tenía todos los dientes en su sitio era el gogó-.
Gonzalo se marchaba a Lisboa al día siguiente por la noche -esta ciudad empieza a estar demasiado presente en mi vida, más de lo que me gustaría, la verdad-, en coche-cama, con Irene, una amiga suya muy simpática. Por otro lado, una de mis mejores amigas, Berta, que ahora vive en Málaga, había venido y teníamos una cena en casa de unos amigos suyos -ellos me consideran también amigo, no sé bien por qué, pero yo no les aguanto-, y yo, aunque tenía muchas ganas de verla, le dije que me iba a escaquear sintiéndolo mucho. Además, Syal me había invitado a una fiesta en su casa y tenía ganas de verle y de conocer gente nueva. Así que, allí que me fui.
Yo, como soy la pera, llegué diez minutos antes de la hora que Syal me había dado como hora de comienzo -las diez de la noche-. A quién se le ocurre sino a mí, en fin. Imaginaos, la gente llegó como a las once de la noche. Yo estaba desde las diez menos diez a coca-cola, porque si no veía que para cuando llegase todo el mundo iba a andar a cuatro patas.
La fiesta estuvo fenomenal. Yo no conocía a la mayoría de los amigos de Manu, pero había unos cuantos que estaban la mar de frescos. Se hizo lo que se pudo pero ninguno cayó bajo la red de mis encantos, una pena. Y es que ligar es una lata, sobre todo cuando uno no es precisamente Brad Pitt. Había dos la mar de interesantes, pero eran pareja -caca-; luego, otro, sevillano, que era muy monín, pero que desde el principio, se puso pico y pala con otro andaluz muy guapete -mierda!-. Total, que na de na, por lo que decidí que me iba de fiesta con Zäpp y otra panda de gente que casi no conocía, pero que eran muy simpáticos y me han prometido casa en Sevilla. Acabamos en el Escape, con la pareja ideal -los dos andaluces monillos- dándose el palo y los demás aumentando considerablemente el alcohol en vena -no os digo más que nos bebimos hasta las copas de los que ya no podían más-, Zäpp y yo en cabeza, por supuesto.
El domingo un poco de relax, que ya está bien. Quedé con Isa, Teresa y Ana para tomar un café y decidimos que afrontaríamos los primeros embates del otoño con una sesión de cine. La película elegida fue "El Bosque". Tenía muchas ganas de verla, por lo que hice caso omiso de las malas críticas que había oido y no les dije ni mu -que me las conozco y sé que si les digo algo no vamos; ahora es cuando Isa me mata al leer esto, porque a ella no le gustó nada-. El film en cuestión hizo honor a lo que había oido y es verdad que no es de lo mejor de Shyamalan, pero a mí me gustó bastante porque se trata de una historia muy original, independienmente del hecho de que es extremadamente previsible en todo momento. Supongo que a la gente le decepciona bastante el hecho de que la vendan como una peli de miedo, cuando en realidad no es otra cosa que una bonita fábula sobre la sociedad moderna y nuestro miedo al dolor. De miedo no tiene nada, ni en la intención ni en el hecho, pero es que aunque así fuera nunca habría logrado su objetivo, pues si enseñas casi al inicio de la película el objeto causante del terror, este se desvanece por completo, y más cuando es evidente...en fin, me callo, porque habrá a más de uno que le joda el argumento. Eso sí, que sepais que no es de miedo, luego no quiero lloros.
Hoy he tenido la entrevista con la Sgae, es la segunda y me muero de ganas por que me cojan, porque tiene pinta de ser un trabajo muy interesante y pagan la mar de bien. El tipo que me ha entrevistado era bastante majete, y me ha dicho que aparte de todo -que el CV estaba fenomenal- necesitan a alguien con mano dura, que no se deje achantar por los agentes de la empresa, que es a los que tengo que auditar. Yo le he hecho ver con todas mis ganas que era la persona idónea, pero no sé qué habrá pensado él. Unamos nuestras manos para que este viernes esté celebrando mi nuevo curro.
Lunes noche. Como alcoholicos de fin de semana y puentes varios que somos -pobre hígado mio- decidimos Isa y yo, con Teresa y demás, que podíamos hacer una reunioncilla en casa de la primera, dado que sus padres estaban de puente. El caso es que mucho prometieron, pero luego, después de haber comprado una botella de Cacique, por allí no apareció nadie. Aun así, lo pasamos muy bien recordando viejas peripecias de las pendonas estas, que eran unas lobonas de jóvenes y se enrollaban con todo lo que se meneaba. A la una o así nos piramos todos a casa, a dormir un poco que tampoco viene mal -eso sí, tres copitas de rigor entre pecho y espalda; ya he rellenado la solicitud de ingreso de AA.AA-.