Thursday, October 28, 2004

Prólogos

Es la denominación que pueden recibir muchos de mis días, sobre todo entre semana. Se repiten una y otra vez, en su prólogo, por la mañana temprano.

Siempre es lo mismo, lo cual resulta incluso gracioso.

Me levanto a las cinco, que es cuando me pongo la alarma del móvil. La ostia de pronto, verdad? Pero es que yo soy así. Lo pongo a esa hora, porque en realidad me tengo que despertar a las seis, y así, a las cinco, me levanto jodido, pero pienso...me queda una hora!! y es cojonudo -luego a veces me duermo y es una putada de la leche, :P-. Me ducho, me visto corriendo -pero siempre con mucho estilo, claaaaaaro- y salgo pitando a coger el autobús de las siete menos diez -y pasa a las siete menos diez SIEMPRE, sin fallos, como un reloj-. Antes de que pase el autobús, pasa un autocar de ruta, exactamente tres minutos antes, y nada más pasar el autocar, un chico con pintas de rapero muy monillo -con un culín...y eso que es difícil adivinar el culín con esos vaqueros que me lleva, que son muy pero que muy morbosos, pero muy anchos-, que siempre corre porque debe de perder algún tipo de transporte, ya sea público o privado. Un minuto después, ni más ni menos, llega mi autobús, que me deja en la estación de tren de Majadahonda un minuto antes de que pase mi tren, por lo que tengo que correr, y mucho. Llego con un pulmón en la nuca y otro debajo del brazo. En el andén siempre está Ana, la prima de Isa, con dos amigos, todos enfermeros, que hacen las prácticas con ella en el Ramón y Cajal. Charlamos -animadamente- en el tren -en nuestro vagón siempre hay un chico moreno muy guapo al que no paro de mirar, claro; siempre hay un chico guapo del tren, ¿no?- y yo sigo hasta Chamartín, donde también corro, porque si no pierdo el tren de Colmenar. Y llego al curro, donde empieza otro día de arduo trabajo con el teléfono -hasta el 15 de noviembre, cuando cambia mi vida : nuevo curro y piso por fin (en la calle Comercio, bien!!!!!)-.

Un sinfín de prólogos calcados.

¿Cómo podemos aguantarlo? Me lo pregunto a veces. Si somos incapaces de ver la misma película todos los días o de releer un libro una y otra vez -y esto sería algo así como acabarse el Ulises de Joyce y volver a empezar-, ¿cómo podemos con esto?

Creo que es la esperanza la que nos ayuda a superarlo. La esperanza que sutilmente habita dentro de todos nosotros y nos susurra de vez en cuando: "puede ser hoy". Puede ser hoy ese día en el que pase algo diferente, en el que recibas una llamada que te haga reir por un momento, en el que te encuentres con alguien o te encuentren a ti.

Con la esperanza de ese día nos levantamos todas las mañanas, dispuestos a leer de nuevo nuestro prólogo.


En busca del piso perdido

Y del tiempo que me está haciendo perder.

Al final, lo del piso de embajadores se ha ido a la mierda, por culpa de la estupidez soberana y la falta de luces del gilipollas que nos lo iba a alquilar. Fue imposible llegar a un acuerdo con él, era una de esas personas con las que no se puede dialogar.

Ahora me he puesto manos a la obra de nuevo, en busca de otro piso, y poco a poco, voy descubriendo los entresijos del "fascinante" mundo inmobiliario, como, por ejemplo, que ahora, cuando el piso lo lleva una agencia, resulta que te cobran un mes de alquiler más (añadido a la fianza, al primer mes, a un aval en muchas ocasiones...) como comisión!!!! Vamos, es indignante. Yo puedo entender que ellos hacen un trabajo, y que tienen que vivir de algo, porque ese piso se lo tienen que enseñar a decenas de personas más antes de conseguir alquilarlo, y eso es un curro. Lo que no me parece de recibo es que esa comisión por el trabajo realizado me la cobren a mí! , porque joder, el favor se lo están haciendo al dueño del piso, que se ahorra tener que estarlo enseñando, pero a mí no me han hecho ninguna gestión, que a Plaza de Castilla he ido yo en metro y con mi paraguas y el piso me lo han enseñado en cinco minutos...cómo pueden pretender que yo esté dispuesto a pagar 900 euros por eso. Es surrealista.

El piso estaba al final de la Castellana y completamente reformado. El único problema es que las habitaciones eran demasiado pequeñas. Vamos, tan pequeñas, que sólo cabían camas individuales, y una vez con la cama dentro, el espacio que queda entre la pared y la cama es tan enano que no cabe una mesilla normal. La zona, fenomenal, y el salón muy chulo, como la cocina y el baño, pero las habitaciones, muy mejorables.

Mañana viernes iba a ir a ver uno de dos habitaciones en la calle Ibiza, al lado del Retiro. Lo alquilaba una del banco, y lo tenía anunciado en la intranet, pero hoy le he mandado un mail y me ha dicho que lo tiene alquilado desde hace un año. Una pena, porque me apetecía estar cerca del Retiro, me encanta esa zona de Madrid. Además, estaría muy cerca de Syal y de Miguel, pero bueno, que le vamos a hacer.

Mi madre me ha llamado hace un rato y me ha dicho que me ha encontrado uno de 3 habitaciones en el Pinar de Chamartín, y no está mal de precio. Además, está sin amueblar, que casi es una ventaja a veces, porque eso de tener que convivir con una sevillana de franela encima de una tele de las de "Cuéntame"...tiene tela.

Ya veremos. Todo sigue en el aire, así que me lo tomo con calma, que prisa no tengo.

PD: ahora me manda un mail Belén (la que se ha rajado un poco de venirse con nosotros de alquiler) y me dice que uno de su curro nos enseña el viernes uno cerca de Atocha. La verdad es que ya no sé si me apetece irme con ella. No me da demasiada confianza. Bueno, todo se andará.
Saludos a todos.

Friday, October 22, 2004

Ejecutiva Agresiva

El viernes me fui un rato de compras al salir del curro.

Tenía que celebrar que me habían cogido en la Sgae, donde empiezo el día 8 de Noviembre como auditor de agentes. Me compré una camiseta muy chula en el Mercado de Fuencarral, me tomé un café en una terraza y puse rumbo al metro, para volver a mi casa.

Cuando estaba esperando la llegada de mi tren, en el andén contrario apareció una mujer de unos treinta años, con un niño agarrado, que caminaba a su lado. El niño era la mar de gracioso; no paraba de hablar en voz alta, utilizando palabras de persona mayor, tratando de explicarle a su madre las anécdotas más inverosímiles sobre lo que parecían personajes de la tele. De esos niños que cuando pasan por delante no puedes evitar echarles una sonrisa, aunque seas el mismísimo Herodes.

Se sentaron, madre e hijo, en uno de los bancos de la estación, y allí continuó él su monólogo en voz alta.

Cuando llegó mi tren, y una vez dentro del vagón, volví a mirarles -muchas veces echo siempre esa última mirada a la gente del andén opuesto, pensando que puede que nunca vuelva a verles, que desaparecerán para siempre de mi vida; no es algo amargo, claro, pero sí curioso si se piensa-; y entonces, vi que a su lado se había sentado una de esas yuppies de siempre, con su traje de chaqueta negro, de los que huele a caro, y un maletín de piel finísima, compañero inseparable de su éxito. Tenía el pelo recogido detrás, muy tirante, y la piel un poco arrugada en torno a los ojos, aunque perfectamente maquillada. Miraba de reojo, con un disimulo altivo y elegante, al niño que vociferaba a su lado. Trató de evitarlo, un par de veces, pero al final no pudo resistirse, y sonrió. Yo lo vi. Puedo incluso arriesgarme a decir que la ternura asomó por unos instantes a sus duros ojos negros de luchadora.

Siempre queremos lo que no tenemos.

El tren arrancó en ese momento y supongo que ya no sabré nunca nada más de ellos.

Tuesday, October 19, 2004

Pitis

Lo veo todos los días desde el tren, cuando vuelvo del trabajo, desde Ramón y Cajal en dirección a Majadahonda.

Siempre me llama la atención la mezcla de absoluta pobreza y bucolismo que acumula esa zona de chabolas de Madrid. Un racimo de pequeñas colinas verdes, surcadas por estrechos caminos de arena, como líneas pintadas con rodillo por el lomo de un animal dormido, por los que deambulan figuras semitransparentes, fantasmas de sí mismos, envueltos en cazadoras de cuero que hace mucho tiempo abandonaron su condición de abrigos para convertirse en una capa más de tristeza. Caminan encorvados, con una bolsa blanca colgando siempre de una de sus manos, tan cansada como ellos, derrengada sin esperanza, como sus ojos; caminan solos, o en grupos de dos, en busca de una dosis, o de unas monedas, caminan muy cerca de las vías del tren...

Ayer en el Ramón y Cajal los trenes pasaban con retraso y cuando llegaban, circulaban por la vía contraria. Algo pasaba. Por megafonía nos informaban de que "por causas ajenas Renfe" el servicio entre las estaciones de Pitis y Chamartín sufría retrasos de quince minutos. Tardaron un rato en comunicarnos que esas "causas ajenas" eran un arrollamiento. Yo pensaba que éste sería entre las estaciones de Ramón y Cajal y Chamartín.

Mi tren llegó finalmente con veinte minutos de retraso.

Camino de Pitis, cuando ya estábamos a punto de llegar a la estación (tan de pueblo, con su tejado a dos aguas, tan fuera de lugar, como las flores y la hierba), aparecieron en el margen de la vía, casi encima de los raíles, dos coches de policía, con las sirenas encendidas, pero en silencio, lo que envolvía el ambiente en una especie de luto asustado.

Y entonces lo vi. Desvencijado y sin forma sobre las vías, como un mueble roto y astillado. La bolsa blanca no estaba, seguramente había salido volando, como un animal asustado, libre al fin.

La verdad es que apenas atisbé la forma, y supongo que por eso no me afectó demasiado, aunque no paro de pensar en aquella imagen fugaz de trapos rotos y retazos de rojo.

En la estación no se subió nadie. Había un silencio terrible, sólo se oía respirar al tren, esperando.

Finalmente, arrancó, y todo siguió su curso, con un renqueante vaivén, como la vida misma cuando se encuentra con la muerte de vez en cuando. Es horrible ver lo poco que importas dentro del devenir de las cosas, lo insignificante que eres; tu muerte puede no suponer otra cosa que un retraso en los trenes entre la estación de Pitis y Chamartín. Yo estuve a unos metros de ese cadáver, y a los pocos minutos, sólo podía pensar en el muchacho eslavo con gorra que miraba por la ventana al otro lado del vagón. Eso es lo que importamos: nada.

Ayer hizo un día gris en Madrid, casi tan horrible como el de hoy. Supongo que todo se junta.

Al cabo de un rato pasamos por el Monte de El Pardo, y estaba todo lleno de corzos; tan preciosos, delicados y elegantes como siempre, llenos de esa fragilidad que les hace parecer siempre a punto de romperse. Ajenos a todo, comiendo hierba de manera indolente, con su boquita de piñón, y mirando al tren con sus ojos de miopes, negros como el carbón. Siempre me ha parecido una de las mejores representaciones de la inocencia, y ayer me resultaba tan extraño verles allí...minutos después de ver un cuerpo descuartizado...Sin duda, la vida se rie de nosotros, y nos olvida muy rápido.

Creo que tiene demasiadas cosas que hacer.


Friday, October 15, 2004

I

Esa es la letra de su inicial.

Hablamos el martes, día de la hispanidad, por el messenger. Yo estaba tremendamente aburrido, y atrapado dentro de uno de esos ataques de ansiedad que me entran cuando empiezo a pensar que mi vida es una rutina sin sentido y que nunca hago nada aparte de salir el fin de semana y dormir -además de trabajar, que es lo que me permite salir el fin de semana-. I me dijo que no tenía planes para aquella tarde, así que decidimos quedar para dar una vuelta por la ciudad cerrada. Me propuso quedar en Moncloa para ir andando tranquilamente hasta La Latina. No le dije nada, pero pensé que justo ese fue el trayecto que hicimos hace ya tiempo en sentido contrario, una mañana después de salir toda una noche, resistiéndonos a despedirnos: él, porque me aprecia mucho, y yo, porque estaba (¿estoy? creo que no) colado por él. Recuerdo que tenía el móvil apagado y no había dicho nada en mi casa, y que cuando lo encendí en el intercambiador de Moncloa tenía 12 llamadas perdidas de mi casa. Hasta ese instante, no había pensado en ningún momento en mis padres. Estaba en una puta nube de color rosa. Aquel día se despidió de mí dándome un beso (de lo más inocente) en la boca. Aquello era lo último, me quedé a cuadros. Llevaba meses absolutamente colado por él, pasando mañanas y tardes enteras en la facultad de mi hermano con el solo fin de estar a su lado. Él parecía no darse cuenta de nada...yo tampoco confesaba...y entonces, aquel día, me besó. Al día siguiente, le mandé un mail lleno de sutilezas y miedo, tratando de hacerle ver que había pasado uno de los mejores momentos de mi vida a su lado, y sin duda, la mejor mañana de domingo que uno podía esperar. Su contestación se hizo esperar varios días, los días que tarda en contestar a una semi-declaración de amor una persona que no siente lo mismo por nosotros. La respuesta fue correcta, diplomática, limpia...decepcionante. Me decía que el beso me lo había dado porque sí, sin más, como agradecimiento a una mañana en la que él también había disfrutado mucho. Nada más. Nada.

Fue una gran decepción. Una más.

Dos meses después, en la fiesta de un amigo argentino, me agarré una borrachera de las que hacen época. No recordaba nada de lo sucedido a partir de las 3 de la madrugada al día siguiente. Entonces, a la hora de la comida, recibí un mensaje suyo en el que me decía que era un acto muy valiente, que me ennoblecía más aún si cabe...bla, bla, bla. Yo no entendía nada. De repente, empecé a repasar los mensajes enviados la noche anterior y me encuentro con uno dirigido a él, como a las cuatro de la mañana, confesándole mi amor eterno (por diosssssssssssssss). Soy lo peor, lo sé. Su contestación evasiva fue suficiente para evitar nuevos intentos.

Todo quedó en una bonita amistad.

El martes volvimos a recorrer juntos la ciudad. Lo pasé muy bien, la verdad, y creo que todo ha quedado atrás sin problemas; aunque, por un momento, algo volvió. Se fijó en un individuo infame, calificándolo de interesante, y en ese instante yo me pregunté: ¿y por qué no yo? Fue un momento de debilidad, no sé, supongo que no estamos inmunizados frente a toda eventualidad, y menos cuando el objeto de deseo de un ex-"amor de tu vida" es un ser de mear y no echar ni gota.

Tras un largo paseo y un vermouth en Hortaleza, acabamos de nuevo en el intercambiador, como aquella mañana. Estaba guapísimo con su palestina azul celeste.

Nos dijimos adios; él bajó al metro y yo me subí en el 651, rumbo a Majadahonda.

Esta vez no hubo beso. Lo mismo no fue tan especial, o había menos alcohol. No lo sé.

I.

Monday, October 11, 2004

El puente (sobre el rio Kwai)

El viernes quedé con Gonzalo y con Juanjo para hacer botellón en la plaza del Rey.

Como siempre, lo pasamos genial, porque son un par de cachondos. Juanjo estaba como loco con su nuevo móvil, con el cual decía sentirse totalmente identificado. Yo alucinaba -¿cómo puedes identificarte con un móvil de plástico?-, pero él me explicó que en su familia era muy común y tremendamente importante el sentirse identificado con todo a la hora de relacionarse normalmente con ello. Por ejemplo, su hermana no se siente nada identificada con su nuevo coche, y eso le está trayendo tremendos quebraderos de cabeza -ataques de ira repentinos en mitad de la carretera, etc...-. Están como una cabra en casa de Juanjo; ahora su padre ha descubierto el correo electrónico y está como loco, no le deja el pobre ni quince minutos solo sin que aparezca por detrás -como el malo de terminator- por sorpresa y le pida que abra el correo para ver si tiene un mensaje, y eso que le ha dado su dirección a una sola persona!!! Jaja, son la monda.

Decidimos ir al Moon -lo sé, lo sé, no quieros post recriminatorios sobre nuestro mal gusto, advierto; hay obviedades que no precisan comentario-. Llevábamos tiempo con la coña de que una noche teníamos que ligarnos a un bakala de los chungos, en plan reto de amigos del campamento -patético-. Total, que allí que nos fuimos no sin antes barajar otras tantas posibilidades que poco a poco fueron descartadas -el Moon era un duro rival-. Nos plantamos en la puerta de ese antro de perversión en cuestión de minutos, no pagamos por entrar -otro de los motivos que nos condujo allí-, y entramos. Estaba completamente desierto! Había un par de seres de lo más chungo en la barra del fondo y poco más. Una lástima. Decidimos que para estar ahí como tontos comiendo barra, pues nos sentábamos mejor en los asientos de la entrada, donde nos doblamos un par de porretes y despegamos rumbo al colorido mundo de fufi. Yo estaba ya que daba vuelitos rasantes, con la mirada perdida y la sonrisa de tonto grabada con cincel. Era evidente que nuestros planes de hacernos un bakala tendrían que quedar pospuestos hasta nueva fecha -lo máximo que podíamos habernos hecho en ese estado era un muñeco hinchable-, lo cual no es ninguna desgracia teniendo en cuenta los níveles de sex-appeal de la clientela del antro en cuestión -vamos, que el único que tenía todos los dientes en su sitio era el gogó-.

Gonzalo se marchaba a Lisboa al día siguiente por la noche -esta ciudad empieza a estar demasiado presente en mi vida, más de lo que me gustaría, la verdad-, en coche-cama, con Irene, una amiga suya muy simpática. Por otro lado, una de mis mejores amigas, Berta, que ahora vive en Málaga, había venido y teníamos una cena en casa de unos amigos suyos -ellos me consideran también amigo, no sé bien por qué, pero yo no les aguanto-, y yo, aunque tenía muchas ganas de verla, le dije que me iba a escaquear sintiéndolo mucho. Además, Syal me había invitado a una fiesta en su casa y tenía ganas de verle y de conocer gente nueva. Así que, allí que me fui.

Yo, como soy la pera, llegué diez minutos antes de la hora que Syal me había dado como hora de comienzo -las diez de la noche-. A quién se le ocurre sino a mí, en fin. Imaginaos, la gente llegó como a las once de la noche. Yo estaba desde las diez menos diez a coca-cola, porque si no veía que para cuando llegase todo el mundo iba a andar a cuatro patas.

La fiesta estuvo fenomenal. Yo no conocía a la mayoría de los amigos de Manu, pero había unos cuantos que estaban la mar de frescos. Se hizo lo que se pudo pero ninguno cayó bajo la red de mis encantos, una pena. Y es que ligar es una lata, sobre todo cuando uno no es precisamente Brad Pitt. Había dos la mar de interesantes, pero eran pareja -caca-; luego, otro, sevillano, que era muy monín, pero que desde el principio, se puso pico y pala con otro andaluz muy guapete -mierda!-. Total, que na de na, por lo que decidí que me iba de fiesta con Zäpp y otra panda de gente que casi no conocía, pero que eran muy simpáticos y me han prometido casa en Sevilla. Acabamos en el Escape, con la pareja ideal -los dos andaluces monillos- dándose el palo y los demás aumentando considerablemente el alcohol en vena -no os digo más que nos bebimos hasta las copas de los que ya no podían más-, Zäpp y yo en cabeza, por supuesto.

El domingo un poco de relax, que ya está bien. Quedé con Isa, Teresa y Ana para tomar un café y decidimos que afrontaríamos los primeros embates del otoño con una sesión de cine. La película elegida fue "El Bosque". Tenía muchas ganas de verla, por lo que hice caso omiso de las malas críticas que había oido y no les dije ni mu -que me las conozco y sé que si les digo algo no vamos; ahora es cuando Isa me mata al leer esto, porque a ella no le gustó nada-. El film en cuestión hizo honor a lo que había oido y es verdad que no es de lo mejor de Shyamalan, pero a mí me gustó bastante porque se trata de una historia muy original, independienmente del hecho de que es extremadamente previsible en todo momento. Supongo que a la gente le decepciona bastante el hecho de que la vendan como una peli de miedo, cuando en realidad no es otra cosa que una bonita fábula sobre la sociedad moderna y nuestro miedo al dolor. De miedo no tiene nada, ni en la intención ni en el hecho, pero es que aunque así fuera nunca habría logrado su objetivo, pues si enseñas casi al inicio de la película el objeto causante del terror, este se desvanece por completo, y más cuando es evidente...en fin, me callo, porque habrá a más de uno que le joda el argumento. Eso sí, que sepais que no es de miedo, luego no quiero lloros.

Hoy he tenido la entrevista con la Sgae, es la segunda y me muero de ganas por que me cojan, porque tiene pinta de ser un trabajo muy interesante y pagan la mar de bien. El tipo que me ha entrevistado era bastante majete, y me ha dicho que aparte de todo -que el CV estaba fenomenal- necesitan a alguien con mano dura, que no se deje achantar por los agentes de la empresa, que es a los que tengo que auditar. Yo le he hecho ver con todas mis ganas que era la persona idónea, pero no sé qué habrá pensado él. Unamos nuestras manos para que este viernes esté celebrando mi nuevo curro.

Lunes noche. Como alcoholicos de fin de semana y puentes varios que somos -pobre hígado mio- decidimos Isa y yo, con Teresa y demás, que podíamos hacer una reunioncilla en casa de la primera, dado que sus padres estaban de puente. El caso es que mucho prometieron, pero luego, después de haber comprado una botella de Cacique, por allí no apareció nadie. Aun así, lo pasamos muy bien recordando viejas peripecias de las pendonas estas, que eran unas lobonas de jóvenes y se enrollaban con todo lo que se meneaba. A la una o así nos piramos todos a casa, a dormir un poco que tampoco viene mal -eso sí, tres copitas de rigor entre pecho y espalda; ya he rellenado la solicitud de ingreso de AA.AA-.


Friday, October 08, 2004

El piso de los cojones

Estoy hasta las narices del piso de Embajadores antes de irme a vivir a él.

Es que nos está dando una cantidad de problemas...que si hay que pedir un aval bancario, que se lo decimos, que nos lo pide a primer requerimiento, que no tenemos pasta, que me lo hacen en el banco, pero provisional de un año, que ahora la clausula de renovación por anualidades no la queremos así, queremos que se pueda rescindir con preaviso de un mes cuando hayamos cumplido un año, se lo decimos, nos dice que vale, y nos lo cambia a uno de cinco años enteros!!!!!!!!!!!!!! Es que es un gilipollas integral, me está poniendo de los nervios; él y su puto abogado de palo que no tiene ni pajolera idea de lo que es un Código Civil ni una ley de arrendamientos. De verdad, cuando Teresa me ha mandado esta mañana el mail con la modificación de la clausula y me veo que lo que ha hecho es cagarla más, casi cojo el teléfono y le pego un par de gritos. Qué pesadilla de tio!!!!

A ver si de una vez podemos solucionarlo porque ya estoy desesperado, en serio. Se supone que nos vamos el 1 de Noviembre aún estamos así.


Monday, October 04, 2004

A los que aman

En muchas de las relaciones que he conocido pasa lo mismo: hay un amante y un amado.

El amante es el que ama, y el amado, el que se deja llevar por las comodidades que le brinda quien le ama. El amado no ama, sólo se deja querer con pasividad, sin ofrecer nada a cambio, salvo la felicidad fortuita que el amante siente por estar a su lado.

En estos casos, tenemos que tener muy presente que quien nos ama (el amante) puede muy bien estarnos engañando, mentirnos sin ningún tipo de rubor. Y no hablo de cuernos (hablo de amantes fieles, completamente enamorados del amado), sino de mentiras que ellos mismos acaban por creer verdades, aceptándolas como bases de su relación con el amado, que no suele ofrecer nada, y cuando lo hace, lo hace sin concesiones, se toma o se deja; y el amante, indefenso, acepta, mintiéndose a sí mismo y al amado. Dice que sí a todo, y promete ser feliz en esas condiciones, sin problemas, haciendo gala de un tremendo cinismo. Está en manos del amado el no aceptar esta mentira, puesto que ésta no lleva a otra conclusión que a la absoluta infelicidad del amante. Lo que pasa es que el amado disfruta de una relación fantástica, en la que tiene lo que quiere cuando quiere (y lo que quiere suele ser sexo), y a eso es difícil renunciar sin más; pero si alguna vez ha sentido algo por el amante, o éste al menos se ha convertido en alguien digno de su aprecio, debe establecer nuevas normas, hacer ver al amante que sus mentiras no le llevan a otra cosa que a una destrucción lenta y agónica de su autoestima, y que deben adoptar una solución drástica (en estos casos de autoflagelamiento masoca del amante, lo único que vale es algo drástico), como puede ser la separación y el distanciamiento. Esto suele ser algo terrible para el amante, que negará en muchas ocasiones que esté sufriendo con las condiciones de su relación con el amado, pero no hay que escucharle, porque el que habla no es él, sino ese pequeño bulto palpipante del pecho, ese inconsciente sanguinolento que tanto nos hace sufrir.

Este fin de semana ha habido un par de esos casos, y yo los he vivido en directo.

Hay que ver qué duro es querer.