Ayer tuve un bonito día familiar.
Mi madre se enteró de que por fin teníamos congelador y me dijo que el domingo sin falta me pasase por casa para comer, porque me tendría preparadas varias cosas.
Gracias a esto (congelador/mi madre) por fin conseguiré salir de la dieta "ensalada de queso-pizza-salchichas-arroz a la cubana-ensalada de queso", que llevo siguiendo desde que me independicé (alternado todo ello con comida italiana del Madrilia, al que al menos una vez por semana nos acercamos R. y yo para una degustación de nuestros
favoritos).
Tortilla rellena, albondigas de pollo con corazón de queso fresco y salsa, pollo con aceite y perejil, listo para ser preparado en la sarten y una crema de queso de cabra con cebolla confitada para preparar unas deliciosas tostadas que están para morirse.
Una maravilla, vamos.
R. dice que en nuestra casa nos gusta demasiado el relleno. Un día de esta semana está invitado a mi casa para una degustación, a ver qué dice entonces. Ya le he dicho que, a cambio, él se tiene que traer el DVD de la cuarta temporada de Sexo en Nueva York, que estoy en ascuas.
Bueno, volviendo al tema de mi visita a los parajes de la infancia.
Mis padres me recibieron con enormes sonrisas y miles de
qué tales y besos. De la cocina salía un delicioso olor a comida, y cuando entré en ella, me encontré ante un verdadero festín para cuatro personas. Mi madre había preparado cosas de sobra para que me pudiese llevar a casa. Es la mejor. Pero no acaba ahí la cosa, no. Cuando ya casi se me saltan las lágrimas, fue cuando al abrir la nevera me encuentro ante uno de esos paquetitos de pastelería, que tan coquetamente precintan en esas tiendas con esos finos cordoncitos blancos. Le pregunto a mi madre si es el cumpleaños de alguien, y me contesta que no, que ha comprado unos pasteles porque yo venía, y con la excusa...entonces (yo soy poco goloso, la verdad, y hasta el momento el evento de pastelería no me había conmovido en lo más mínimo) le digo que qué pasteles son, a lo que ella me contesta:
"petit suisse, tus favoritos". Ahí casi me desmayo, el detallazo de mi madre era espectacular, sin duda. Ella, que siempre ha pasado de miles de cosas de las que le he contado, una vez que me voy de casa, me demuestra con estos pequeños gestos, que me escuchaba, que me conoce, y que me quiere. Trató de justificarse diciendo que aprovechaba que yo venía para comprarlos porque a ella también le encantan, y que como estaban a dieta, no tenían muchas excusas, pero yo sé que fue un acto de amor puro.
Mi hermana Laura, en plan de broma, no paraba de quejarse, diciendo que qué era todo aquel despendole:
"cuando viene el niño, cocacolita y pastelitos, y el resto de días, agua y yogurt". Todo esto, sin acritud, que mi hermana es más maja que las pesetas y lo único que pretendía era evidenciar que mis padres, en ocasiones un tanto duros y quizá distantes, se están reblandeciendo con estas cosas, lo cual se agradece. Hasta cuando hablas con ellos por teléfono parece otra cosa. Te escuchan de verdad y todo!
Después de la comida (con sobremesa! de estas de sentarse un rato a hablar después de comer, cosa que en mi casa no se ha hecho en la vida! Normalmente es: después de comer, cada uno a su cama a dormir una buena siesta de manta y orinal y el que tenga que decir algo, que lo haga mientras están todos sentados, porque después lo lleva crudo. Pero esta vez no, esta vez, el rollo pastelito y café y una ronda de preguntas y respuestas con aparente interés de nuestros padres. Loco me dejaron), pasé al momento hermanos. Estuve un rato con Adrián y Laura, los pequeños, a los que echo mucho de menos: Laura, con la que siempre andaba de marujeo, y diciendo lo bueno que estaba este o aquel, la que me reñía (de broma, porque luego se sentaba al lado mío y se enganchaba más que nadie) cada vez que me cazaba con el
gaydar abierto mandando mensajitos; y Adrián, con la cabeza siempre llena de ideas, dispuesto a compartirlas contigo en cuanto le prestes un poco de atención, con sus cuadros, sus dibujos y sus cortos, siempre a cuestas...Los dos son maravillosos. Daniel sólo apareció un momento, y después se marchó al curro (la hostelería de España). Mario estaba de viaje en Barcelona.
Y por la tarde, R. me ofreció pasarnos por el En Plan Travesti, la sesión esta que se organiza algunos domingos del mes, y a la que yo había ido una vez con Gon y recordaba bastante entretenida. La verdad es que en la anterior ocasión, se organizaba en Coppelia, y anoche fue en Pink Flamingo, lo cual le quitó bastante espacio, no "respiraba" tanto como la otra vez (y no, no soy ningún
freakie del
clubbing ni nada de eso, no quiero choteos, es que no sabía cómo explicarlo, leñe). A mi la sala Flamingo nunca me ha gustado demasiado, la encuentro ligeramente claustrofóbica.
Uno, cuando sale un día que no es un viernes o un sábado, siempre alberga la pequeña esperanza (confesada a uno mismo o no) de encontrar algo
diferente. Una sesión que sólo abre un domingo al mes, gente que sale un día un poco diferente, caras nuevas...
Pues NO, error. Y de los gordos.
Más de lo mismo.
Qué lástima de ciudad. Nos conocemos todos, esa es la realidad, la desesperante realidad.
Nada nuevo bajo el sol.
No surprises.Las mismas caras, las mismas poses, los mismo saludos, las mismas preguntas con sus consabidas respuestas...
Un millón de miradas que se lanzan sin parar, como flechas,
flasheadas por las luces intermitentes del techo, en busca de un objetivo que al final no se alcanza, caen al suelo, y las pisotean, y van formando ese barrillo negruzco que siempre queda en el suelo cuando encienden las luces y te mandan a casa.
De repente, una cara nueva, unos preciosos ojos azules que nunca has visto; preguntas a quien le conoce, demandas una presentación, y entonces, la Gran Frase:
"es hetero". Y ahí ya es cuando quieres que le peguen fuego a la disco, con todo el mundo dentro.
Después, te llegan tus amigas con el rollo este de
qué suerte que tienes, con lo buenos que están los gays! Para matarlas, sobre todo cuando te enteras de que ese comentario va por gente como Nacho Duato o Miguel Bosé. A quién le importan esos dos!?
Pa´ellas!Jajaja, en fin, lo mejor (o quizá la única opción) es tomarse todo esto con humor.
En el taxi de vuelta a casa nos reimos mucho R. y yo.
No voy a decir que no preferiría haber ligado, pero fue un buen final para una noche de domingo (con hetero decepcionante incluido).