Wednesday, April 27, 2005

Reset

Ayer pasé la tarde con Isabel, tomando unas cañas en El hombre Moderno y en Chamán.

Estuvimos hablando de lo último que ha acontecido en nuestras vidas, con la intimidad que nos ha faltado estos últimos meses, desde que me mudé a Madrid y las citas entre semana se han hecho más complicadas. Ella estaba informada, a través de Teresa, de mi última decepción de fin de semana y estuvimos charlando sobre ello, intentando modelar mi realidad, y la suya, hacia unas formas optimistas, luminosas...y lo conseguimos. La verdad es que al lado de Isabel siempre lo consigo, es una de sus virtudes: despeja de nubes todos mis días.

Decidimos que no era justo con nosotros mismos el considerar cada uno de nuestros tropiezos sentimentales como "fracasos". Sobre todo, cuando la mayor parte de las veces el resultado negativo de nuestras experiencias no se debe a otra cosa que a la mala conjugación de espacios y tiempos emocionales con respecto de los seres que nos proponemos en un determinado momento amar. Es más apropiado quizá "intentos fallidos", y puede considerarse menos frustrante.

Cuatro cañas después, nos meábamos de risa, como siempre.

Después de cenar, me acercaron en coche a casa de Bruno (que estuvo encantador, como siempre), donde estaba Gonzalo. Quería despedirme de ellos antes de mi periplo por las tierras lusas. Con Gonzalo directamente me meé de la risa, y más después de fumarnos un porro a medias; no podíamos parar, sobre todo pensando en la extraña pareja que nos acompañará a Pedro y a mí a Lagos: dos treintañeros bohemios, artistas ellos, bastante pijines y tocapelotas, marido y mujer, a los cuales el mismo Pedro tiene bastante ojeriza. ¿Por qué vienen? Ni idea, pero daré detalles en este diario, sin duda, a mi regreso, para disfrute general.

Estos días, con motivo de este viaje, la gente que me conoce y sabe la historia de Pedro, se acerca siempre con las mismas frases: "¿estarás contento, no?", "qué emoción, ¿no?", etc, etc... a lo que yo contesto con caras de "sí, guay, pero tampoco es para tanto". Y es que desde que he conocido a Santi y Alex ha reaparecido, Pedro de repente se ha alejado de mi mente. No he pensado en él durante dos semanas enteras, y no le he mandado ningún tipo de mensaje. Ayer le decía a Isabel lo mucho que me había hecho recapacitar esto, y lo mal que me hacía sentir, pensando en lo veletas que son mis sentimientos, y lo mucho que parecen abaratarse cuando este tipo de cosas me ocurren. Ella me dijo que era normal, que la intensidad se diluye, que hay mucho de por medio, tanto espacio, como tiempo, entre nosotros, pero que estaba segura de que nada más verle todo volverá a renacer.

Si esto es bueno o malo, ya lo decidiré.

El caso es que ayer pulsé el botón de reset, las ruletas giraron, buscando su cero, y yo volví al comienzo.

Otro comienzo, pero con equipaje.

Tuesday, April 26, 2005

La clemenza di Tito

Es el título de la ópera -en versión de concierto- que fui a ver ayer con los padres de Isabel al Auditorio.

La pieza se hacía un poco dura, por el hecho de que gran parte de la trama era recitada, sólo acompañada de clavecín, salvo en el caso de las arias. De hecho, tras el intermedio, el abandono fue de tal tamaño en las primeras filas que podía llegar a considerarse embarazoso -¿puede haber algo más terrible para un artista que encontrarse el patio de butacas medio vacío, después de una hora de esfuerzos vocales, de dar todo lo que tiene?-. Los que quedamos, tratamos de salvarles el mal trago con unos aplausos que seguramente duraron unos quince minutos. No sería una obra que recomendaría a nadie, porque se hace bastante dura de oír, pero lo que nunca puede faltar es un poco de educación -ya os veo imaginándome con pajarita, el pelo lleno de gomina y sentado en un sofá de orejas, polemizando sobre la moralidad del mundo occidental con una pipa en la mano; pues no, yo no soy así (para empezar porque llevo el pelo rapado), pero es que hay ocasiones en las que la gente se comporta sin ningún tipo de delicadeza-.

Bueno, dejando esto de lado, que es meramente anecdótico, yo quería hablar de una de las frases que Publio le dice a Tito, el emperador, cuando éste descubre que Sesto, su fiel amigo, es quien ha tramado el plan para matarle. Tito no lo puede creer y dice que Sesto no es capaz de semejante traición, a lo que Publio le contesta que a las almas en las que nunca ha habitado la traición les resulta imposible comprender simplemente la posibilidad de ello. En ese momento, sin poder evitar este egocentrismo que me caracteriza, traspuse el tema a mi situación actual -bueno, más bien en la que habito la mayor parte del tiempo-, pensando si no sería algo similar a lo que me ocurre a mí en el campo de los amores y las relaciones. ¿No estaré sentado en un mundo paralelo, donde mi corazón funciona de manera diferente al de los demás? No, no, no, mentira, no es cuestión tanto de sentimiento como de acción. Creo que siempre me equivoco al elegir las acciones: nunca digo lo que debo decir, o al menos, cuando debo, ni miro como tendría que mirar, o esquivo la mirada que debería recoger, jamás estoy donde tendría que estar, o estoy de más. Mis sentimientos pueden parecerse más o menos a los de los demás, pero es a la hora de sacarlos a la luz cuando creo que soy un completo alienígena que no comprende a los demás. Un Tito inocente que va demasiado deprisa, al que se le ve el plumero. Soy incapaz de ser retorcido, es una habilidad que no albergo, y quizá eso sea un problema en un mundo donde la oscuridad está en alza.

Esconder para seducir.

Quizá con Santi he sido demasiado evidente, pasando de no conocerle a verle tres veces en una semana. Quizá lo haya sido con Alex, yendo a verle donde trabaja dos días después de que me lo dijera. Quizá es mejor mirar hacia otro lado, con dignidad, para reaparecer al cabo de semanas. Quizá es mejor ocultar lo que sientes...

Yo por el momento soy incapaz, aunque creo que debo aprender, pero mientras lo consigo, pido algo a aquellos que dirigen el mundo:

Clemenza!

Wednesday, April 20, 2005

Tiempos excitantes

Aprovecho un hueco diminuto dentro de mi (últimamente) apretada agenda laboral para actualizar novedades de manera telegráfica.

Pedro volvió a aparecer, por mensaje, una semana después de que se fuera, diciéndome que me echaba de menos, a mí y a mis carinhos y que le gustaría pasar un fin de semana largo en su casa de Lagos, en el Algarve, conmigo.

Bueno, por supuesto que voy, no trataré de hacerme pasar por el durito que no soy después de la de mamonadas que os he contado. El 28 parto en coche-cama a Lisboa (otra puñetera vez, otra) y vuelvo el miércoles 4 por la mañana. Dice que me espera con ansiedad -sic-. Ya veremos. Y lo digo con todo el cinismo y toda la frialdad de la que soy capaz cuando se trata de él. Aunque una cosa sí que es verdad, y eso ya lo he comentado en otras ocasiones: YA NO ES LO QUE ERA.

No dudo, en absoluto, de que podría volver a estar completamente colado por él y olvidarme de todo lo demás, pero esta vez está en sus manos, y en que él, por una vez, me dé algo a cambio. Si no, debo confesar que la cosa, poco a poco, se va volatilizando, como el aceite caliente de una sartén -me tiene frito, jeje, no me pude contener-.

Todo esto que cuento se refleja de manera directa en aparecen nuevos frentes en mi vida: Alex y Santi, de los que ya os contaré otro día con más tiempo, que hoy me tengo que pirarle a comprar unos bombones a mi madre, que me invita a comer por su cumple.