Reset
Ayer pasé la tarde con Isabel, tomando unas cañas en El hombre Moderno y en Chamán.
Estuvimos hablando de lo último que ha acontecido en nuestras vidas, con la intimidad que nos ha faltado estos últimos meses, desde que me mudé a Madrid y las citas entre semana se han hecho más complicadas. Ella estaba informada, a través de Teresa, de mi última decepción de fin de semana y estuvimos charlando sobre ello, intentando modelar mi realidad, y la suya, hacia unas formas optimistas, luminosas...y lo conseguimos. La verdad es que al lado de Isabel siempre lo consigo, es una de sus virtudes: despeja de nubes todos mis días.
Decidimos que no era justo con nosotros mismos el considerar cada uno de nuestros tropiezos sentimentales como "fracasos". Sobre todo, cuando la mayor parte de las veces el resultado negativo de nuestras experiencias no se debe a otra cosa que a la mala conjugación de espacios y tiempos emocionales con respecto de los seres que nos proponemos en un determinado momento amar. Es más apropiado quizá "intentos fallidos", y puede considerarse menos frustrante.
Cuatro cañas después, nos meábamos de risa, como siempre.
Después de cenar, me acercaron en coche a casa de Bruno (que estuvo encantador, como siempre), donde estaba Gonzalo. Quería despedirme de ellos antes de mi periplo por las tierras lusas. Con Gonzalo directamente me meé de la risa, y más después de fumarnos un porro a medias; no podíamos parar, sobre todo pensando en la extraña pareja que nos acompañará a Pedro y a mí a Lagos: dos treintañeros bohemios, artistas ellos, bastante pijines y tocapelotas, marido y mujer, a los cuales el mismo Pedro tiene bastante ojeriza. ¿Por qué vienen? Ni idea, pero daré detalles en este diario, sin duda, a mi regreso, para disfrute general.
Estos días, con motivo de este viaje, la gente que me conoce y sabe la historia de Pedro, se acerca siempre con las mismas frases: "¿estarás contento, no?", "qué emoción, ¿no?", etc, etc... a lo que yo contesto con caras de "sí, guay, pero tampoco es para tanto". Y es que desde que he conocido a Santi y Alex ha reaparecido, Pedro de repente se ha alejado de mi mente. No he pensado en él durante dos semanas enteras, y no le he mandado ningún tipo de mensaje. Ayer le decía a Isabel lo mucho que me había hecho recapacitar esto, y lo mal que me hacía sentir, pensando en lo veletas que son mis sentimientos, y lo mucho que parecen abaratarse cuando este tipo de cosas me ocurren. Ella me dijo que era normal, que la intensidad se diluye, que hay mucho de por medio, tanto espacio, como tiempo, entre nosotros, pero que estaba segura de que nada más verle todo volverá a renacer.
Si esto es bueno o malo, ya lo decidiré.
El caso es que ayer pulsé el botón de reset, las ruletas giraron, buscando su cero, y yo volví al comienzo.
Otro comienzo, pero con equipaje.
