
...a las aceras.
Qué divertido ha sido todo en Murcia.
Nuestra intención era que fuese un fin de semana de relax, alejados del mundanal ruido y la contaminación, recogiendo mandarinas y tomando el sol...aha...
Bueno, nos hemos pegado una juerga...de las buenas.
Gon y yo llegamos el viernes antes que nadie, porque salimos pronto de Madrid.
Dejamos el coche enfrente de la casa de Isa y nos fuimos a la orilla del rio (a la sombra de los pinos no, porque ya era de noche), a fumarnos un porro, así, para celebrar que estábamos en otra Comunidad (que cualquier motivo es bueno, y como con los bombones de la caja roja salen granos, pues hachis, que es bueno para los pulmones).
Después, a la cafetería Siglo XX, ese lugar de encuentro y reposo, ese reducto del buen gusto...cuyo nombre se debe a que su propietario, cuando lo decoró, decidió exponer, uno a uno, y sin criterio alguno de exhibición, todos los estilos decorativos que han ido jalonando la historia de aquellos cien años: del minimalismo chusco al ladrillo visto rural, del modernismo de los grabados que anuncian champán a los sillones de skai de los 70, pasando por la flor de plástico de los ochenta, que tanto revolucionó nuestros hogares, y no dejando fuera, eso nunca, la tradicional tragaperras, sin la que un bar no es un bar en esta España nuestra.
Un bar...fetén, vamos.
Poco después, llegaron Eva, Jesús, Ana y Débora. Y ya...cañas!!
Luego, a casa a colocar las cosas cuando llegaron los que faltaban, vuelta a salir a Siglo XX (comprobamos que aquel lugar no era un espejismo fruto de nuestra imaginación alucinada, sino un bar), y botellón en la casa.
Nos reimos un huevo, y acabamos jugando a las películas, a lo que se animó el mismo Gon, un poco reticente al principio, pero que terminó disfrutando como uno más.
¿Por qué somos siempre los más borrachos? Es una pregunta que pasará por siempre a los anales de...a los anales.
Para despedir nuestro primer día, después de hacer el ganso con Isa por todas partes cuando todos dormían ya (y es que la Isa es la mejor; somos como los Calatrava, pero en guapo, claro), nos hicimos otro porro en el cuarto.
Dura transgresión la nuestra: dos chicos durmiendo juntos y fumando porros en el cuarto de unos de los tíos de Isabel, que son Kikos -vid: secta religiosa católica-. Qué modernos que somos cuando nos ponemos a ello, la verdad.
Acto seguido, nos quedamos
frititos (jajaja, es que me encanta esta palabra).
El campo tiene cosas como que te puede tocar dormir enfrente de una casa en la que un pavo se pone a hacer ruidos a las cinco de la mañana, pero el ron siempre ayuda a superar estos imprevistos.
Al día siguiente, amaneció lloviendo, como en el resto de España, creo.
No pudimos hacer la barbacoa que teníamos planeada, pero a cambio, Eva y Débora nos hicieron un cocidito del copón.
Una buena y larga sobremesa, con cafés y muchos pitis incluídos, al calor (excesivo, casi nos da algo) de la chimenea.
Llegaron así las ocho, y muchos quisieron quedarse a ver el fútbol, pero Isa, Débora, Ana, Gon y yo, no. Así que nos fuimos a tomar unas cañitas y unas tapas, para no perder el ritmo marcado.
Era superior a nuestras fuerzas, no queríamos caer, de nuevo, en lo fácil, pero...pasamos al lado, y no pudimos resistirnos: volvimos a la cafetería Siglo XX. Esa decoración, esas copas, ese camarero que te llama
pel-la cuando menos te lo esperas...lo tiene todo para hacerte feliz, sin más.
Durante el copeo surgieron temas de rabiosa actualidad, y entre ellos, el de la transexualidad. Es que, no es en muchas ocasiones, pero mira, cuando nos ponemos serios, cómo somos.
Nos dimos cuenta, de repente, que era la una o así y que teníamos al resto del grupo abandonado en la casa del rio. ¿Y qué iban a hacer sin los más divertidos del grupo una vez que se acabase el partido? Pobrecillos. Por todo ello, decidimos volver.
Los cachondos, se habían escondido para darnos un susto. Algo, vamos, completamente imprevisible y superoriginal. Habían dejado una hoja que se asemejaba a las que se usan para hacer espiritismo encima de la mesa del salón, con una vela encendida y música clásica en la mini cadena (¿Bach les produce terror?, no lo sé). Gon y yo, que somos unos pelas (que no
pel-las), nos fuimos a la cocina, y ahí sí, tuvimos que reprimir un grito de terror: faltaban dos botellas de ron!!!!! Os lo juro, a Gon se le pusieron los ojos en blanco y el pelo verde y de punta. Esa visión si que resultó terrorífica. Echaba espuma por la boca, mientras, entre esputos, gritaba: ¡salid, salid de donde esteis, hijos de perra!, ¡¿dónde está mi ron?! Ni Belén Esteban en esos días del mes ha dado tanto miedo.
Menos mal que salieron pronto, con las botellas, para poder comenzar una nueva sesión de bajada a los infiernos.
La cosa, desde luego, no decepcionó, fue tan o más divertido que el día anterior. Gon y yo acabamos solos con Débora, como a las 6 de la mañana, poniendo nuestros cds y meados de la risa. Cuando se acabó el ron, atacamos la botella de ginebra, y, gracias a Dios, ya era muy tarde cuando ésta se acabó y no nos dio por empezar con la de
Sherry de Terry (que me han confirmado que es la bebida favorita de Massiel, y que fue la botella que encontraron en su mano cuando volcó por la ventana, la jodía).
Al día siguiente, domingo, os lo juro, nada de resaca.
Cuando Gon y yo nos levantamos, todos se preparaban para ir al huerto de la familia de Isa, a coger mandarinas. Nos daba una pereza de la leche, así que nos hicimos un cola-cao (yo suelo tomar café, pero corría el riesgo de que mi lengua mutara el soletilla y se hiciera una con mi paladar) y nos tiramos en los sofás del salón, al lado de la ventana. Hacía un día buenísimo, por fin: cielo azul, y las pequeñas montañas que rodean el pueblo, verdes. Momento idóneo para un resumen de intenciones y logros.
Quería salir de Madrid.
Despejarme un poco.
Aclarar ideas.
Reir.
Todo lo he conseguido, aunque sea un poco borracho.