
Estuvo bien la nochevieja, la verdad.
Con mi familia, en Majadahonda, engullimos lo que ya viene siendo un clásico de esa noche, un plato preparado con deleite artesano por mi hermano Mario: langosta a la termidoriana. Ese magnífico bicho que pasa por una cocción, un plancheado y finalmente, con la crema por encima, un buen horneado. No tengo palabras para describir lo bueno que está, pero os diré que sólo los huevos rellenos de mi madre me gustan más. Ahí queda eso.
Con mis hermanos, en concreto, de nuevo una meada de risa. Estaban en pleno rodaje del corto que les estamos haciendo a mis padres como regalo de Reyes y me puse a grabar con ellos, e incluso interpreté uno de los personajes: Jose María, el vecino coñón. Mirad, si veis a mi hermano Dani vestido de Mari Cruz, que es la mujer de Jose María, gritando como un poseso y haciendo de maruja...os morís. Bueno, y mi hermano Adrián haciendo de mi madre en los ochenta...eso sí que no tiene desperdicio!
Luego vinieron la cena, con su sobremesa y sus anécdotas, las campanadas, los besos, el champán y el show de la Jurado en TVE1 (porque es que mi padre es de esos que se pueden considerar "gente de primera", porque el tío es que nos prohíbe literalmente que veamos otro canal esa noche; es como una especie de tradición cuyo incumplimiento hace que se tambaleen los cimientos de su rutina, no sé).
Cuando conseguimos arrancarle de tan atroz espectáculo, nos bajó a Madrid a mi hermano y a mí.
Nos dejó en Moncloa, y desde allí yo me fui andando hasta casa de Miguel (un conocido a través de Axel que ha sido el alma caritativa de este año y nos ha invitado a Gon y a mí a su fiesta), que estaba en San Bernardo. Una casa preciosa, por cierto, que tienen alquilada entre cuatro personas (las palabras casa preciosa y casa para uno solo, como que en Madrid...no), con una terraza que tiene una vistas increibles a los tejados de Gran Vía.
Allí estaban ya mis pequeños (Jorge, Axel y Alberto), tomándose unas copillas después de la cena. También estaba Javi, al que desde aquí debo agradecerle la gestión para que no acabásemos en la calle aquella noche el Gon y yo (nos invitaron a una fiesta superglamourosa en Plaza de España también, pero el mismo día 31, y claro, me llegó el sms al día siguiente a las 3 de la tarde). Luego, como a las dos y media, llegó Gonzalo, al que le había costado un poco más arrancar a sus abuelos de las garras del folclore televisivo. La dinámica desde ese momento fue la misma que en tantas otras ocasiones: beber, fumar porros y cagarnos de risa. Estuvimos de acá para allá, con unos y con otros, tirirí, tarará...y, de repente, nos encontramos con que el anfitrión se había cocido de manera infame y su personalidad había devenido en la de un fauno: se quería tirar a todo lo que se moviese. Empezó por Jorge, y le sometió a un acoso tal que éste se mosqueó y todo, suscitando el siguiente debate: ¿si eso mismo se lo hace un chico a una chica, puede que acabe en denuncia por intento de violación; ahora, cuando es un chico a otro chico, lo que hacemos es simplemente reirnos y decir que Miguel es la leche? Ahí dejo eso, para la reflexión.
Visto lo visto, decidimos ir a la fiesta de Diego un rato, en la calle Luna. Yo arrample con dos botellas de Negrita que habíamos llevado a la fiesta, ante la mirada atónita de Axel, que no se atrevía.
El estado de embriaguez con el que llegué a la susodicha fiesta me impide recordar con nitidez el desarrollo de la misma, pero en resumen: nos lo pasamos bien, creo.
Todos hablaban con todos, la música sonaba, Diego bailaba, Jorge se enrollaba con un brasileño...y Axel (que de vez en cuando se desata) propuso que fuésemos a la matinal del Low, que se hacía en la sala Arena, a partir de las 6 (que ya eran).
Y nadie dijo que no. Allí que nos fuimos todos, los pequeños, Gon, los portugueses y yo.
Aquello era una debacle de estilos y formas de entender la nochevieja (y la noche en general), reunidos en una misma sala por la llamada del
after-hours : pijos, bakalas, chungos,
modern@s, maricas, hipermaricas, hippies sin ducharse, travestis (cubanos), punks (o lo que quiera que sean), heteros con la novia de la mano...de tó. Y todos con un pedo espectacular.
Claudia dijo que se iba, y con ella Fran, su amigo, con el que me enrollé de nuevo (el viernes también lo hice) antes de que se marchara. Un chico encantador y muy simpático al que espero volver a ver, la verdad.
Acto seguido, me robaron la chaqueta, una de mis favoritas y me cagé en la puta madre de todo lo que se movía, para después relajarme y pasar de todo. Había pagado por entrar, la música molaba y por irme a mi casa no ganaba nada. Total, ¡a bailar!
Axel y Alberto se marcharon a alguna hora de la mañana que no recuerdo y Gon y yo allí que nos quedamos, dale que te pego, hasta las 10 o así, no sé. Encima, Miguel, el relaciones del Low, no paraba de darnos copas, y aquello ya era un no parar.
Cuando salimos, hacía un sol increíble, y un día buenísimo.
Nada de frío.
La Plaza de España completamente soleada, con nubes sueltas y muy altas.
Ese cielo de Madrid, del que ya hablé alguna vez.
Comencé el año perdiéndome con Gon por Madrid, muertos de la risa, en busca de un taxi.
Sin duda, no creo que haya una manera mejor.